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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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viernes, 31 de diciembre de 2010

Eleazar



Lo miro de arriba abajo frunciendo el ceño, no es fuerte y no es demasiado alto ¿cómo pudo sacarme del agua? Bueno tampoco es que yo pese demasiado, es más, soy delgaducha, otra de las razones por las que ningún chico me miraba. Cuando digo delgaducha no es una delgadez como la de las personas que pasan mucha hambre, no, así no. Pero tampoco es una delgadez adulta, quiero decir no tengo la misma forma que una chica de mi edad, continúo siendo una niña, un poco alta, pero con formas de niña. Aquel chico es como yo, no es un adulto, es un niño, si ni siquiera tiene un pelo en la cara.

Alzo una mano para apartar el pelo de mi frente y entreabro los labios para hablar pero él se me adelanta:

-Antes de que lo pregunte, sí, soy yo el que le ha salvado la vida y usted me debe lealtad eterna.

Lo miro entre sorprendida y enfadada “¿Quién es ese chico para darme a mí tales órdenes?”. Ante mi expresión el chico se apresura a decir:

-Era broma. Una broma es… una expresión, en este caso, que resulta ser falsa para crear una situación cómica o producir una sonrisa, pero al parecer carece de sentido del humor señorita.

Alzo una ceja y hablo de forma lenta y clara:

-Sé perfectamente lo que es una broma, solo que no me ha parecido graciosa y no he encontrado motivo alguno por el que sonreír señor…

Dejo la frase sin acabar al percatarme de que no sé su nombre, pero él se molesta en acabar mi frase:

-Eleazar, me llamo Eleazar ¿y usted es…?

-Debería saberlo, a veces salvar a personas sin conocerlas puede resultar fatal, Eleazar – el chico me mira frunciendo el ceño y se queda en silencio esperando, al parecer, que le dijese mi nombre-. Liselotte, me llamo Liselotte.

Mi nombre no era común, y el suyo era… demasiado bíblico en mi opinión ¿por qué me habría salvado?

-Puedes tutearme, yo haré lo mismo no hace falta que me lo pidas por favor sé que lo estás deseando-sonríe de lado el muy engreído-. Si quieres, te tiro al lago de nuevo, por mí no hay inconveniente. Pero no creo que salgas, nadas como un perro hambriento, créeme sé lo que digo.

Lo miro algo enfadada y noto un par de arrugas que se forman entre mis cejas y le contesto:

-No sé nadar, pero no es motivo por el que puedas mofarte de mí. Supongo que debo agradecértelo.

Se lo agradezco sí, me ha librado de la muerte, pero este chico es tan engreído que dan ganas de bajarle los humos, no me gustan las personas como él.

-¿Ves? Mucho mejor Liselotte, hay que ser agradecida ¿no te lo enseñó tu padre?

“Lo que faltaba”, pienso. Me doy media vuelta y comienzo a andar en dirección opuesta al pueblo, internándome en el bosque e intentando perder de vista al engreído de Eleazar. Y pensar que podía caerme mal en tan poco tiempo, ni aunque me hubiese salvado la vida.

-Ey, espérame que voy al mismo sitio que tú-dice y me giro sobre mis talones confundida diciéndole:

-Yo no sé a dónde voy.

-Ahí mismo voy yo-sonríe como si hubiese dicho algo gracioso.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La vida puede ser maravillosa



Toso, me duele todo pero ese no es el caso ahora. Una larga bocanada de agua sale de entre mis labios mientras me incorporo y continúo tosiendo. Respiro de forma profunda y abro los ojos.

Sonrío.

Estoy viva.

Me resulta increíble, imposible, perfectamente maravilloso. Mis dedos aferran la hierba sobre la que me encuentro, arrancando un poco y la llevo a mi nariz para olerla “Estoy viva, no me lo creo, es… raro. Me he ahogado en el lago y de repente me encuentro tumbada en la hierba, vivita y coleando y… sola. Alguien me ha salvado, ¿Quién?”. Mi salvador no está conmigo, no hay nadie alrededor, no se escucha nada. Toso y de nuevo y me limpio la boca con la mano, sonrío y no puedo evitar reír de alegría. Mi vestido blanco, el vestido con el que todas las mujeres morían en la hoguera. Pero yo lo llevo y estoy viva.

Me río más aún, definitivamente me he vuelto loca, me estoy alegrando por burlar a un juez, no puedo volver al pueblo… pero… a lo mejor estoy muerta… Bah no, los muertos según los habitantes del pueblo iban al cielo o al infierno, dependiendo de sus actos. Me levanto y me aparto el pelo rubio de la cara mientras continúo riéndome hasta que me duele el abdomen y el trinar de un pájaro me acompaña. Me fijo en el pájaro, es de color aguamarina. Es el mismo que el día anterior, lo sé porque tiene una pata de color negro. Le sonrío y me acerco hasta a él con piernas temblorosas y le digo como si le hablase:

-Estoy viva.

Río de nuevo y el pájaro parece mirarme con una sonrisa. Pero los pájaros no sonríen, he tragado demasiada agua. Continúo riendo mientras doy una vuelta sobre mis pies, me canso y me apoyo en un árbol de tronco resistente. Suspiro, los ojos se me cierran poco a poco, pero no debo dormir. No después de casi haberme muerto… Pero sólo serán cinco segundos contados…

Cinco segundos…


~~~~

Los rayos del atardecer inciden con dureza sobre mi rostro. Me restriego los ojos molesta por la luz. El bosque está en silencio, totalmente silencioso; entonces es cuando abro los ojos y lo veo ante mí. Primero me sorprendo y ahora… ahora… ¡grito!

-¡Ahhhhh!

El chico de ojos azules alza una ceja sin dejar de sonreír, no se deja impresionar por mi grito. Me tapa la boca con cuidado acallándome.

-Creí que no despertarías nunca-dice negando con la cabeza y se levanta del suelo, perdiéndolo de mi ángulo de visión.

Me incorporo y lo miro de forma más detenida, con el pelo rubio casi blanco, del mismo color que el mío, de piel clara y ojos azules, pero no azules normales, sino un azul como el del mar cuando está manso. Su pelo me extraña, es la primera vez que veo a un chico con melena.

Sonrío de forma nerviosa ¿y éste es el que me ha salvado?


viernes, 17 de diciembre de 2010

¿Una muerte digna? ¡JA!




Aprieto los puños, evitando cometer alguna locura, y me limito a bajar las escaleras dándome cuenta de que me había equivocado al pensar que a lo mejor albergaba algo de humanidad aquella mujer de rostro afable.

Abre la puerta de la casa y salimos, la cierra tras ella y volvemos a realizar el mismo camino hasta el ayuntamiento, ahora vacío, donde se encuentra Cast aún esperándome, al parecer. La señora Rossmert me echa un último vistazo y se larga sin decir palabra. Trago saliva, asustada por lo que me pueda suceder. Pienso que he tenido una vida un tanto extraña, que moriré a los 15 años, sin tener un padre y sin amigos. Pero yo era feliz. ¿Por qué no debería serlo? Yo no he vivido acusando a la gente, ni bajo una capa de temores. Yo sé diferenciar entre lo que existe y lo que no son más que cuentos. Y las brujas no son más que una historia para que los niños se coman la comida y se les ha ido de las manos el asunto.

Cast se aclara la garganta y me coge de un brazo de manera bruta mientras habla:

-Desde que vinisteis aquí supimos que ibais a dar problemas. Tanto llanto y tu madre sin marido.

Pongo los ojos en blanco otra vez. Y por mi muestra de entusiasmo ante su explicación, su mano me sujeta con fuerza la muñeca y continúa:

-Escúchame asquerosa bruja, yo no soy tonto como el resto del pueblo, yo sé que todos los de tu raza que han sido llevados a la hoguera están vivos. Las brujas sobreviven al fuego.

Respiro de forma profunda intentando separarme ante su mirada comida por la locura:

-Está loco-le digo sin conseguir soltarme.

-Pero yo me voy a encargar de que tú si mueras, y el pueblo me lo agradecerá-dice mientras tira de mí hacia el lado contrario a la salida y abre una puerta que parece llevar años cerrada, por las telarañas que se ciernen sobre ella. Es otra salida. No recordaba que hubiese dos puertas en el ayuntamiento. Entonces la razón de que la puerta se encuentre cerrada me golpea en la mente de repente.

El nivel del lago creció hace un par de años e inundó los alrededores. Consigo agarrarme al marco de la puerta, cuando sus brazos me empujan por detrás para tirarme al lago.

-¡No!-le grito.

No sé nadar, no puedo caer en el lago. Moriré ahogada y no sé qué es peor, si morir ahogada o quemada.

Me vuelve a empujar y esta vez mis dedos se resbalan por el marco de madera y caigo al agua con un golpe sonoro.

Agito los brazos con energía. Necesito salir de aquí y lo necesito ya, tomo aire pero como no paro de moverme, y conmigo la superficie del agua, una bocanada entra en mi boca lo que me hace toser. Cast se ríe mientras yo muevo brazos y piernas sin ningún logro.

Me hundo, me estoy hundiendo.

Mi vestido totalmente empapado no es que ayude demasiado a nadar, se hace pesado aunque en la superficie era como una simple sábana. Mis pulmones no dan más de sí, intento con desesperación subir hacia arriba, pero mis ojos se comienzan a cerrar y todo se vuelve oscuro. Negro.

Todo desaparece a mi alrededor continúo intentando nadar, pero eso solo hace que trague más agua y esta llegue a mis pulmones con mayor facilidad, una efímera burbuja es lo último que veo antes de la oscuridad por la que quedo envuelta.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La hora del baño



Se me hace my extraño que esta mujer me permita entrar en su casa, que claramente también es la casa de su marido el párroco pero ¿para qué? A las brujas las tratan con hostilidad ¿por qué ahora este recorrido turístico por su maravillosa casa?

Los escalones de madera también están recubiertos por esa moqueta de color granate, cuando llego al final de las escaleras observo el pasillo estrecho y una puerta abierta que da a una habitación donde hay dispuesto un vestido blanco muy simple sobre una silla, una palangana con agua y otro recipiente mucho más grande, como un barreño, a su lado está la señora Rossmert con las mangas del vestido remangadas y me mira de arriba a abajo, luego coge el vestido con ambas manos y nos mira sucesivamente para luego asentir con la cabeza. Permanezco callada y me acerco a ella como me ordena. Sujeta en la mano una cinta de tela blanca que me anuda en la cabeza a modo de diadema, la observo y me dejo hacer sin mediar palabra con ella hasta que habla:

-Quítate la ropa.

Frunzo el ceño, la miro de nuevo con una ceja alzada esperando que esté de broma pero su rostro me indica que va muy enserio. Me desabrocho los botones del vestido verde cubierto de suciedad que llevo y lo dejo caer al suelo. Miro a la mujer que me indica que debo entrar en el barreño. Entro en él, quedándome en pie, frotándome los brazos con las manos y percatándome de que estoy cubierta de morados y heridas causadas en las últimas horas. El agua fría cae sobre mí haciéndome tiritar en parte. Me manda sentarme, me siento. Sostiene una pastilla de jabón en la mano, con la otra me coge el brazo y comienza a frotarlo con el jabón, para luego hacer lo mismo con el otro brazo y las piernas. Me doy cuenta de que este baño es algo a lo que está acostumbrada ya ella, pero mi madre no recibió ningún baño que yo recuerde estaba cubierta de sangre cuando la vi por última vez. Trago saliva y cuando el frotar del jabón cesa contra mi piel otro jarro de agua fría cae sobre mí espabilándome. Me levanto aún dentro de la palangana y la miro, parece que me odia, que me mira con desprecio y no hace nada por evitar que sea así.

-Ponte el vestido-me manda llevándose mi antiguo vestido.

<< ¿Qué va a hacer con él?¿lo va a quemar?>>, me pregunto. Tardo unos segundos en hacer lo que se me ha dicho, me acerco al vestido y lo dejo deslizarse por mi piel. Es de una tela suave y es largo, me llega hasta los tobillos. Me quito la cinta que ella me anudó en el pelo y deshago unos pocos de enredos de mi pelo ahora mojado con los dedos y lo dejo caer por la espalda. Anudo la cinta a mi muñeca como un brazalete y cuando me giro me percato de que ella está ahí observándome, miro al suelo y luego alzo la mirada. Su pregunta me sorprende:

-¿De veras eres una bruja? Si confiesas serlo todo acabará, te dejarán libre.

Me callo y me encojo de hombros para luego mirarla a los ojos.

-Da igual lo que yo diga, a nadie le importa.

Supongo que le sorprende que siendo una hija de Satán, como ellos dicen, sea tan callada o no le haya causado problemas ni haya rechistado cuando me estaba bañando. A lo mejor pensaba que me iba a derretir con el contacto del agua, quien sabe. Se calla y posa su mano en mi hombro para guiarme por el pasillo de nuevo escaleras abajo, giro la cabeza para preguntarle pero me detiene hablando ella:

-A nadie le importa lo que diga una bruja, que seas una niña no quiere decir que no vayas a crecer y no vayas a ser como el resto. Todas devoradoras de niños y creadoras de males para la sociedad.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Sígueme



-Debo llevármela, ya sabe como va esto señor Cast-dice mirándome de forma fría y mandándome-. Levántate.

Le obedezco y me quedo quieta, así como una estatua enfrente suya mientras me evalúa con la mirada. Escucho el leve susurro de Cast, que parece…¿intimidado? No, eso no es posible, él nunca se intimida por nada, bueno, eso creo.

-Luego volveré a por ella señorita Rossmert.

La respiración se me atora en el pecho, ¿Rossmert? Ella… ¿es la mujer del cura?, es demasiado joven para ese hombre tan seco, serio y… feo. Esta mujer es preciosa, su piel es pálida debido al poco contacto con el sol, y seguro que procede de buena familia y por eso no trabaja en el campo. Estoy tan ocupada, escrutándola con la mirada, fijándome en cada detalle, en su tersa piel que no me percato que Cast sale de la sala y de que la mujer me vuelve a mirar. Por un momento pienso que su mirada aloja cariño, comprensión, dulzura… pero tan solo dura unos segundos y me dice de forma seca:

-Sígueme.

Asiento con la cabeza y obediente sigo sus pasos que se dirigen fuera del edificio <<¿A dónde voy? Ni idea, pero por lo menos ella no me mata a golpes…¿no?>>, pienso cuando la luz del sol baña mi rostro. Las calles están en silencio ahora, parece que todo el mundo se ha dirigido a sus casas hasta que llegue la hora en la que me quemen. No miro por donde vamos, mi mente divaga por otros lugares observando el cielo y el suelo alternativamente hasta que paramos en la puerta de una casa. Miro al frente alzando la mirada y mirando la casa que es una construcción bastante grande para ser una casa de este pueblo. La mujer abre la puerta blanca de madera de la casa y la sostiene para que entre, entro en ella algo perdida en mis pensamientos mientras observo el suelo cubierto por una moqueta de color granate. La mujer cierra la puerta y sube las escaleras mientras observo un cuadro de la entrada en el que se ve a una virgen con el niño Jesús en brazos. Inclino la cabeza y me quedo quieta donde estoy, a lo mejor no quiere que suba, pero entonces la mujer se gira en el último tramo de escaleras y me hace un signo con la mano para que la siga.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Los juicios sin estructura de juicio deberían estar prohibidos.


El juez niega con la cabeza y humedece sus labios al pasar la lengua por ellos como si de veras lamentase tener que sentenciar mi muerte, pero todos sabemos que le gusta matar a la gente y más si supuestamente son brujas.

-Pues que la hoguera sea-dice dando por acabado el juicio, aunque no sé para qué ha servido pues yo no he abierto casi la boca.

El juez se levanta del asiento sin mediar ninguna palabra más y tras él, el cura con su sotana de color blanco. El herrero queda tras de mí, me da una patada como si nadie se percatase de aquello y acabo tumbada en el suelo.

La gente comienza a abandonar la sala dirigiéndome una última mirada antes de la hoguera, la cual yo no he elegido pero qué mas daba, nada importa. "Bueno, nada que yo piense importa.", pienso lo cual me desanima un tanto. Suspiro sujetándome las costillas y arrodillándome en el suelo mientras mis oídos se inundan con una carcajada más que sonora del señor Cast, que parece ser el encargado de torturarme antes de quemarme…

El sonido de una garganta al aclararse de forma tímida resalta sobre aquella carcajada, y me giro a la vez que el herrero que frunce el ceño. "Alguien ha interrumpido su hora de tortura y eso no debe de ser bueno", pienso. Observo a la mujer de cabello negro recogido de forma delicada, y ojos igualmente oscuros, ataviada con un vestido de ricos bordados y de color crema. Es delgada y no parece tener más de veinticinco años, la había visto por el pueblo pero en este momento no recuerdo quien es.

viernes, 26 de noviembre de 2010

En ocasiones hablar no sirve de nada



Para variar una masa de descerebrados, llamada el resto del pueblo, comienza a gritar repitiendo a aquel señor. Cierro los ojos y respiro de forma profunda ¿y esto es un juicio? Yo creía que en los juicios se impartía justicia pero claro, si me hacían jurar con una mano sobre la Biblia y hacerme decir que solamente contaría la verdad. Como no era católica ni nada por el estilo, no resultaría muy efectivo, creo que es por eso, que no me hicieron jurar cuando entré. Entre otras cosas porque, como estaba ocurriendo en este momento, deseaban deshacerse de mí en poco tiempo, insultarme y luego quemarme. Sí, algo rápido y divertido para todos. Menos para mí.
Los gritos se suceden, repetitivos y clavándose en mi mente como cuchillas afiladas, cierro los ojos, ya no aguanto más.
-¡NO!-grito y noto mis rodillas clavándose en el suelo, quemándose por el choque contra el suelo de madera y paro la caída con las manos. Un intenso dolor me recorre la columna vertebral haciendo que un par de lágrimas se escapen de mis ojos, después de la caída por las escaleras no estoy demasiado bien para recibir más golpes, me duele todo.
-Calla hija del demonio-me espeta el herrero.
Lo logro escuchar pues tras su empujón la gente acalla temiendo que maldiga al herrero a lo mejor, quien sabe, no sé como piensa aquella gente. Un hombre, parece que sensato, se levanta de su asiento y sale en mi defensa, profiriendo en voz alta:
-Es solo una niña, no creo que…
-¿Acaso las brujas no nacen siendo brujas?¿o quizás usted señor Marmad ha sido incitado por Satanás?
El buen hombre calla sin más que decir, temiendo que lo quemen a él y a su familia en la hoguera, me mira de forma comprensiva y me limito a asentir con la cabeza. Por lo menos lo intentó. Observo al juez sonreír satisfecho y dirigirse a mí.
-Como soy bondadoso os dejaré elegir entre la hoguera o la horca. En mi opinión, la hoguera será más cómoda-dice acentuando la palabra cómoda
"¿Una hoguera puede ser cómoda? Uy sí, que bien se siente una siendo carbonizada y notando como las llamas te devoran la piel a la vez que ves al pueblo observando con gusto tu cocción como si de un pollo se tratase."
El juez continúa hablando pero yo perdida en mis pensamientos logro recuperar el hilo cuando ya ha acabado su discurso:
-… Creo saber que las brujas manejan el fuego.
-Por eso el resto de las mujeres murieron ¿no?-le gruño entre dientes volviendo al duro mundo real.
miércoles, 24 de noviembre de 2010

Juicio: Facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.



Me paro pero el herrero me vuelve a empujar. Tan solo tres personas se atreven a lanzarme un par de tomates, en no muy buen estado, el resto del pueblo los seguiría sino fuera porque temen que les eche una maldición. Miro a aquellos cobardes lanzadores de hortalizas putrefactas y bajan el brazo. Consigo llegar a las grandes puertas, de madera tallada, del ayuntamiento, con el pelo enmarañado y cubierto por el jugo de un tomate no precisamente rojizo.
Las puertas se abren cuando el herrero da un par de golpes secos sobre ellas. Entro mirando al suelo, observo de reojo los bancos de madera, ocupados por casi todos los hombres del lugar , mas los que llegan tras de mí cansados de insultarme. Muchas mujeres no han venido sencillamente porque temen que mientras me juzgan “mi aquelarre de brujas” pueda robarle a sus hijos para comérmelos.
Yo no como niños, entre otras cosas porque sigo siendo una niña en mi opinión, aunque aquí no soy ni niña ni adulta, soy rara, básicamente. El juez Anders me mira de forma fija deseando quemarme o algo peor, sé perfectamente que me quiere fuera de combate. No me juzgará. Como siempre matará por matar. Nunca he asistido a un juicio, mamá siempre me lo había prohibido, ni siquiera fui al suyo, algo de lo cual me arrepiento.
El silencio se hace presente en la sala hasta que, guiada por los empujones, quedo en frente del juez que comienza a hablar:
-Se ha organizado un juicio como es costumbre ante una situación como esta en la que nos encontramos.
-Pero si por nosotros fuera esto habría acabado ya-se escucha a un alguacil susurrar por lo bajo.
Aprieto los dientes y observo que al lado del juez está el cura. Sí, aquel asqueroso señor que desea matarme como el resto del pueblo, que falta de personalidad. Locura religiosa de Salem, me incluyen en una majadería en la cual no pinto nada al igual que mi madre.
-Habla ¿dónde están el resto de las brujas?-pregunta el cura levantándose de su asiento.
"Tiempo le ha faltado para hacerlo", pienso.
-Ya he dicho que no lo sé-pongo los ojos en blanco y repito lo mismo que tantas otras veces he dicho ya-. No soy bruja, ni mi madre lo fue. No existen las brujas, son fruto de la invención popular,
-¡Bruja!-acusó un hombre cuya voz no logro identificar. ¿Qué toman todos en este pueblucho para tener la misma voz? Nunca logro quedarme con el registro de sus voces todas me resultan iguales y además no me interesa demasiado identificarlos pues me gustaría perderlos de vista.
domingo, 21 de noviembre de 2010

No todo es tan fácil en esta vida



El herrero se impone ante mí con sus anchos hombros y brazos musculosos, ese hombre si me asusta, pero no voy a dejarlo regodearse en ello. Trago saliva y lo miro a los ojos cuando se acerca a mí y me asesta una patada en la tripa. Suelto un alarido y llevo las manos a mi vientre curvándome entera por el dolor.
-A las brujas no se les deberían hacer juicios, directamente se os debería quemar.
-¡Cast!-lo llama la voz del juez Anders- eso lo decidiré yo- dice mirándome con una sonrisa curvada de satisfacción-. Llevadla al ayuntamiento he de preparar algunas cosas.
El juez Anders sale igual que entró como una sombra sigilosa cual gato, aunque si comparásemos a un gato con ese horrible ser estaríamos insultando a los felinos, que tanto respeto les tengo.
Otra patada, que me pilla desprevenida, sobre mi vientre para luego ser compensado ese dolor con uno más agudo al notar mi melena tirante en la manaza del herrero mientras este me dice sin dejar de tirar de mi pelo y asestarme patadas en cualquier lugar:
-Levantaos.
-¿Cómo pretende que me levante sino me deja?¡asqueroso puerco!-le grito entre quejidos por el dolor para que después mis preciosos halagos deje de patalearme para tirarme con más fuerza aún del pelo.
Chillo levantándome por su “capacidad animal”. "Sino me ha dejado sin pelo esto será un milagro",pienso. Me empuja fuera de la sala que se encuentra en la muralla del pueblo, con fuerza y con falta de delicadeza.
-¿No os han enseñado como tratar a una dama?-le espeto mordiendo la mano que coloca sobre mi hombro para volver a empujarme.
-No veo ninguna dama por aquí pero a vos deberían haberos enseñado a no contestar a los hombres-dice rabioso dándome un empujón más, lo que me hace tropezar al borde de los escalones y caer por estos.
Por suerte son solo siete escalones hasta el suelo pero son de piedra y son los justos para causarme hematomas en los brazos y hacerme notar el metálico sabor de la sangre en mi boca. Él, se carcajea a mis espaldas hasta llegar de nuevo a mí y estrecharme el brazo con fuerza, levantándome con rudeza y volviendo a empujarme.
-¡Camina! No quiero llegar tarde a juicio.
-No habrá juicio si yo no llego sana,¡animal!¡que eso es lo que sois!-le grito tras escupir al suelo parte de la sangre que baña mis labios. Se vuelve a reír como si le hubiese dicho algo bueno.
Avanzo a trompicones entre sus empujones y mis caídas y vuelta a los insultos. Las relaciones normales de un pueblo con una supuesta bruja…¿no son adorables?
Mis pies descalzos avanzan sobre el suelo pedregoso frente a casi todo el pueblo mirándome y susurrando insultos. Otros en cambio no se quedaban en silencio, al contrario, no se callaban sus “demostraciones de afecto”. Un tomate de color oscuro me impacta en la mejilla por sorpresa y se escurre por esta hasta caer al suelo.
-¡Bruja!
No, ¿en serio? Que lista que es la gente de este pueblo.
domingo, 14 de noviembre de 2010

Todo sea por un poco de diversión



-¿Sabe usted que una bruja es capaz de hipnotizar a un hombre con la mirada?-sonrío de lado- y… claro que sabe que…-digo levantándome y acercándome a los barrotes que de él me separan- podría seducirlo a usted-me muerdo el labio riéndome en mi interior.
Que divertido es esto de “ser una bruja”, claro que antes de acabar quemada en la hoguera. Me paro agarrando los barrotes con mis manos y le continúo sonriendo de forma pícara, él entreabre los labios para decir algo pero la puerta se abre interrumpiendo nuestra divertida escena y bañando la sala de luz clara del exterior. Un hombre, más bien un chico, de ojos azules, piel tostada y pelo castaño, quemado por el trabajo al sol, entra en la sala hasta acercarse a su querido cura y le susurra algo al oído que lo hace enfadar, o eso me parece a mí. El padre Rossmert se gira hacía mí y alzo una mano indicándole que se acerque sin dejar de sonreír.
-Pronto te pudrirás en las llamas de la hoguera y acabaremos con tu raza
-Pronto acabará usted en mis brazos cambiando de idea.
De improviso una mano me golpea en la mejilla por entre los barrotes, me arde el pómulo y aparto el rostro para luego mirar a mi agresor. Richmore el chico de pelo castaño, acaba de acercarse a mi celda recorriendo la sala. Bufo alejándome de los barrotes y mirándolo a él también.
-Tranquilo, tu también acabarás a mis pies.
Me río. Richmore es el hijo del alcalde por el cual todas las chicas del pueblo suspiran, aunque el muchacho no sabe hacer nada más que pasearse por las calles rondando en busca de noticias jugosas para contarle al padre o a cualquiera con poder ante la ley.
Lo observo esperando su reacción y presintiendo lo que va a hacer al ver sus labios moverse de un lado a otro. Me aparto de donde me encuentro consiguiendo evitar su escupitajo.
-Te leo la mente-bromeo sentándome en el suelo mientras jugueteo con un mechón de mi pelo.
Ambos me miran hasta que finalmente sin mediar palabra salen del lugar cerrando la puerta de madera como la noche anterior.
Grito. Sinceramente me he vuelto loca. Le doy una patada a mi puerta de barrotes, para luego quejarme sujetándome el pie dolorido y volverme a sentar frotando mi piel descalzo. Veo algo brillar bajo el banco. Lo escudriño con la mirada y me doy cuenta de que son un manojo de llaves tiradas sobre el suelo. Enarco una ceja "Esto es demasiada suerte, dudo que se les hayan caído así sin más. Pero bueno por intentar salir no me pasará nada" . Me acerco a la reja y extiendo mi brazo delgado entre las barras dy hierro hasta alcanzar las llaves. Sonrío por mi logro y las agarro con ambas manos, atrayéndolas hasta mí. Las observo frente a mis ojos frunciendo los labios. Cojo una de las llaves, una pequeña y medio oxidada como la celda y saco la mano por los barrotes, con la llave, acertando en la cerradura, girándola con cuidado para que no se caiga. ’Clack’ la puerta se abre y la empujo con la mano saliendo de la celda y cogiendo las llaves.
"Esto es demasiada casualidad, no puede ser real, esas llaves no estaban antes allí ni se le habían caído al cura sino lo habría escuchad".
Echo un último vistazo a mi alrededor y selecciono la llave más grande y maciza introduciéndola en el interior, abro los ojos asustada escuchando unos murmullos para luego obtener un gruñido como respuesta y un golpe seco sobre la puerta que me lanza hacia atrás cayendo al suelo aturdida.
"Auch".
viernes, 12 de noviembre de 2010

Liselotte la comeniños



La luz de la mañana pasa entre los barrotes de la ventana, más bien una rendija, hasta bañar mi rostro acariciándolo con colores anaranjados, anunciándome un día no muy deseado por mí. Suspiro mientras me siento apoyando mi espalda sobre la fría pared de piedra. Me restriego los ojos cansados y soñolientos con el dorso de la mano. Huir no me serviría de nada, además eso siempre ha sido de cobardes, nada digno. Miro a mi alrededor observando las tres paredes de piedra que me rodean y la reja de barrotes gruesos frente a mí, que es mi única salida. Tras la puerta que me encierra, una sala vacía y oscura, sino fuera por la rendija que sobre mí se encuentra y por la cual la luz entra de forma tímida como sino hubiera sido invitada, se encuentra ante mis ojos.
La puerta del fondo se abre dejando pasar la luz, interrumpida por una silueta enjuta y reconocible para todo el pueblo, incluida para mí. No estoy asustada, ni lo estaré jamás. No voy a dejarme asustar por un hombre mentiroso y asesino. Se acerca hasta mí, cerrando la puerta de madera, esa misma puerta que me muestra la claridad del día y que hay algo más allá de este asqueroso calabozo, tras él y se sienta en un banco de madera enmohecida, situado al lado de la puerta de mi celda. Celda, esa palabra que tan mal suena, me hace sentir como una delincuente, y yo no lo soy. Continúo sentada ignorando su presencia y alzo la vista a la pequeña ventana, donde anoche antes de caer dormida estaba mi pájaro, mi acompañante nocturno. Pero ya ha desaparecido.
Bajo la vista a los pulgares, hasta que él carraspea para llamar mi atención y comienza a hablar:
-Hoy se impartirá justicia eliminando a la última hija impura de este lugar, habéis deshonrado el nombre del pueblo, habéis matado a decenas de niños saciando vuestro hambre y solo el Señor sabe qué más.
Pongo los ojos en blanco y no puedo evitar reírme. "Espera que no me he enterado muy bien, yo he comido niños y he matado a decenas de personas. Vaya, y yo que no me he dado cuenta. El que ha matado a muchas personas del pueblo sentenciándolas a la hoguera o a la horca has sido tú, señor cura del tres al cuarto",pienso mordiéndome la lengua para callar.No quiero empeorarlo todo. Ha matado a más de una veintena de personas, entre ellas mi madre, es un hipócrita. La magia no existe, ni ha existido, ni existirá jamás. Son historias creadas para matar a la gente que no les cae bien, para deshacerse de enemigos o personas que no encajan por ser diferentes al resto.
El odio brilla en su mirada gris pasando a ser plateada. Me mira de forma severa por haberme reído de él, continúo con la sonrisa en el rostro. "Cambio de planes, voy a morir de todas formas, mejor que sea con dignidad… o lo que queda de ella".
miércoles, 10 de noviembre de 2010

Prefacio



El silencio se hace presente, ningún sonido existe a mi alrededor, la vida es una injusticia, como bien decía mi madre : “La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida por delante”. La oscuridad me rodea y es mi compañera. Mi vigía, un pequeño pájaro de color aguamarina, apoyado en el resquicio de la ventana enrejada, bañada por la luz de la luna.
Enrejada, como mi vida, cada barrote me quita una libertad diferente, cada uno de ellos sentencia mi silencio que se hunde en mi piel hasta ser parte de mi memoria, y así es el círculo vicioso de mi vida: todo silencio.
Me revuelvo sobre el frío suelo, entrechocando mis muñecas y cruzando mis piernas, encogiéndome como hace Snuff antes de dormirse. Ojalá todo fuera como antes de que comenzase esta absurda locura inexistente.

Introducción

He decidido escribir mi historia de La luna de Salem en un blog para así poderla compartir y saber la opinión de los lectores que se vayan uniendo.

Situación: 1692 en algún lugar perdido en el noreste de norteamérica.

"-Es solo una niña, no creo que…
-¿Acaso las brujas no nacen siendo brujas?¿o quizás usted señor Marmad ha sido incitado por Satanás?
El buen hombre calla sin más que decir, temiendo que lo quemen a él y a su familia en la hoguera, me mira de forma comprensiva y me limito a asentir con la cabeza. Por lo menos lo intentó.[...]"