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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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domingo, 21 de noviembre de 2010

No todo es tan fácil en esta vida



El herrero se impone ante mí con sus anchos hombros y brazos musculosos, ese hombre si me asusta, pero no voy a dejarlo regodearse en ello. Trago saliva y lo miro a los ojos cuando se acerca a mí y me asesta una patada en la tripa. Suelto un alarido y llevo las manos a mi vientre curvándome entera por el dolor.
-A las brujas no se les deberían hacer juicios, directamente se os debería quemar.
-¡Cast!-lo llama la voz del juez Anders- eso lo decidiré yo- dice mirándome con una sonrisa curvada de satisfacción-. Llevadla al ayuntamiento he de preparar algunas cosas.
El juez Anders sale igual que entró como una sombra sigilosa cual gato, aunque si comparásemos a un gato con ese horrible ser estaríamos insultando a los felinos, que tanto respeto les tengo.
Otra patada, que me pilla desprevenida, sobre mi vientre para luego ser compensado ese dolor con uno más agudo al notar mi melena tirante en la manaza del herrero mientras este me dice sin dejar de tirar de mi pelo y asestarme patadas en cualquier lugar:
-Levantaos.
-¿Cómo pretende que me levante sino me deja?¡asqueroso puerco!-le grito entre quejidos por el dolor para que después mis preciosos halagos deje de patalearme para tirarme con más fuerza aún del pelo.
Chillo levantándome por su “capacidad animal”. "Sino me ha dejado sin pelo esto será un milagro",pienso. Me empuja fuera de la sala que se encuentra en la muralla del pueblo, con fuerza y con falta de delicadeza.
-¿No os han enseñado como tratar a una dama?-le espeto mordiendo la mano que coloca sobre mi hombro para volver a empujarme.
-No veo ninguna dama por aquí pero a vos deberían haberos enseñado a no contestar a los hombres-dice rabioso dándome un empujón más, lo que me hace tropezar al borde de los escalones y caer por estos.
Por suerte son solo siete escalones hasta el suelo pero son de piedra y son los justos para causarme hematomas en los brazos y hacerme notar el metálico sabor de la sangre en mi boca. Él, se carcajea a mis espaldas hasta llegar de nuevo a mí y estrecharme el brazo con fuerza, levantándome con rudeza y volviendo a empujarme.
-¡Camina! No quiero llegar tarde a juicio.
-No habrá juicio si yo no llego sana,¡animal!¡que eso es lo que sois!-le grito tras escupir al suelo parte de la sangre que baña mis labios. Se vuelve a reír como si le hubiese dicho algo bueno.
Avanzo a trompicones entre sus empujones y mis caídas y vuelta a los insultos. Las relaciones normales de un pueblo con una supuesta bruja…¿no son adorables?
Mis pies descalzos avanzan sobre el suelo pedregoso frente a casi todo el pueblo mirándome y susurrando insultos. Otros en cambio no se quedaban en silencio, al contrario, no se callaban sus “demostraciones de afecto”. Un tomate de color oscuro me impacta en la mejilla por sorpresa y se escurre por esta hasta caer al suelo.
-¡Bruja!
No, ¿en serio? Que lista que es la gente de este pueblo.