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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Juicio: Facultad del alma, por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.



Me paro pero el herrero me vuelve a empujar. Tan solo tres personas se atreven a lanzarme un par de tomates, en no muy buen estado, el resto del pueblo los seguiría sino fuera porque temen que les eche una maldición. Miro a aquellos cobardes lanzadores de hortalizas putrefactas y bajan el brazo. Consigo llegar a las grandes puertas, de madera tallada, del ayuntamiento, con el pelo enmarañado y cubierto por el jugo de un tomate no precisamente rojizo.
Las puertas se abren cuando el herrero da un par de golpes secos sobre ellas. Entro mirando al suelo, observo de reojo los bancos de madera, ocupados por casi todos los hombres del lugar , mas los que llegan tras de mí cansados de insultarme. Muchas mujeres no han venido sencillamente porque temen que mientras me juzgan “mi aquelarre de brujas” pueda robarle a sus hijos para comérmelos.
Yo no como niños, entre otras cosas porque sigo siendo una niña en mi opinión, aunque aquí no soy ni niña ni adulta, soy rara, básicamente. El juez Anders me mira de forma fija deseando quemarme o algo peor, sé perfectamente que me quiere fuera de combate. No me juzgará. Como siempre matará por matar. Nunca he asistido a un juicio, mamá siempre me lo había prohibido, ni siquiera fui al suyo, algo de lo cual me arrepiento.
El silencio se hace presente en la sala hasta que, guiada por los empujones, quedo en frente del juez que comienza a hablar:
-Se ha organizado un juicio como es costumbre ante una situación como esta en la que nos encontramos.
-Pero si por nosotros fuera esto habría acabado ya-se escucha a un alguacil susurrar por lo bajo.
Aprieto los dientes y observo que al lado del juez está el cura. Sí, aquel asqueroso señor que desea matarme como el resto del pueblo, que falta de personalidad. Locura religiosa de Salem, me incluyen en una majadería en la cual no pinto nada al igual que mi madre.
-Habla ¿dónde están el resto de las brujas?-pregunta el cura levantándose de su asiento.
"Tiempo le ha faltado para hacerlo", pienso.
-Ya he dicho que no lo sé-pongo los ojos en blanco y repito lo mismo que tantas otras veces he dicho ya-. No soy bruja, ni mi madre lo fue. No existen las brujas, son fruto de la invención popular,
-¡Bruja!-acusó un hombre cuya voz no logro identificar. ¿Qué toman todos en este pueblucho para tener la misma voz? Nunca logro quedarme con el registro de sus voces todas me resultan iguales y además no me interesa demasiado identificarlos pues me gustaría perderlos de vista.