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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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viernes, 4 de febrero de 2011

Toda persona posee una máscara de felicidad, pero depende de ella utilizarla.



Me entrega el vaso, cierra la botella y se queda pensando en silencio, mirando a un punto fijo del tronco de un árbol, mientras yo me bebo el contenido del vaso con un único trago. El sabor de aquel líquido es horrible pero me hace sentir un poco mejor de forma instantánea. Miro mis manos y jugueteo con la manzana entre mis dedos esperando su respuesta, pero él, se pone en pie sin decir palabra y comienza a caminar mordiendo la manzana. Tardo unos segundos en aceptar que quizás mi pregunta le haya molestado. Me apresuro para alcanzarlo y me prometo que esta vez no me pararé en el camino, porque n o quiero hacerlo enfadar. No sé si está enfadado, pero por si acaso prefiero mantenerme en silencio y seguir sus pasos, como si fuese su sombra.

Caminamos hasta que el cielo comienza a perder su color azul y es sucedido por el color anaranjado del atardecer. Entonces Eleazar se para de repente y se sienta en la hierba dejando la bolsa a un lado. Supongo que ya hemos llegado al lugar donde vamos a pasar la noche, no es un mal lugar. El claro puede pasar por un círculo casi perfecto y protegido por los árboles que lo rodean.

Me siento sin cuidado sobre la hierba, a unos cuantos pies de distancia de él, y entonces es cuando habla, con un tono de voz neutro, y mirándome de reojo:

-Me acusaron de brujería cuando tenía trece años y mi padre dijo que era cierto, que debía ser condenado. Mi padre dejó que me llevasen y por poco me queman pero conseguí escapar. No pensaba regresar a Salem después de aquello y mucho menos visitar a mis padres, debía dejar un margen de tiempo por seguridad.

Lo miro manteniéndome en silencio y me tumbo sobre mi espalda cerrando los ojos, agazapándome como siempre y me pregunto qué habrá sido de Snuff, mi gato. Pero luego, paso de ser tan materialista para pensar en lo que ha sufrido Eleazar, en qué habrá hecho durante todo este tiempo en el que ha vivido sólo. Por eso me ha ayudado, porque sabe lo que siento. Pero yo no lo comprendo a él. Ser acusado por un padre debe ser algo atroz, traicionar a tu propio hijo, condenarlo a muerte. Y eso me hace volver a pensar en mí. Si mi padre hubiese vivido conmigo y con mi madre, si lo hubiese conocido, ¿cómo habría reaccionado ante las acusaciones del pueblo llamándonos brujas? ¿Nos habría entregado o por el contrario nos habría defendido? O quizás… habría fingido estar hechizado para salir impune del asunto y decir que no sabía que éramos. Dándole vueltas a aquellas ideas, quedo dormida bajo la luz del atardecer y el rostro de Eleazar mirándome desde arriba sin que me percate.

Susurros, escucho susurros, voces agudas, voces graves, femeninas, masculinas, me levanto e intento ver algo en la oscuridad. Escucho una respiración pesada y profunda cerca de mí, pero no parece humana sino más bien de un animal. De mis labios no sale ningún sonido y respiro de forma silenciosa intentando mantener la calma, pero noto que algo se acerca, siento que se encuentra a escasos pies de mí. Pero temo que me ataque si me moviese, en el caso de que sea un animal. Llevo una mano hacia la hierba necesitando algo a lo que aferrarme por el miedo y escucho un gruñido pero solo me da tiempo de gritar porque al poco tiempo lo tengo encima. Parece ser un perro, pero es demasiado grande para serlo. Me tumba en el suelo y cuando espero su mordisco escucho cómo solloza, parece llorar, y retrocede asustado corriendo de vuelta por donde vino. Me llevo la mano al pecho asustada, intentando buscar en la oscuridad la silueta de Eleazar, pero me es imposible.