Search

Cargando...

Blog Archive

La autora:

Mi foto
Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
Ver todo mi perfil

Followers

Se ha producido un error en este gadget.
domingo, 8 de mayo de 2011

Espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar.



Ambos comienzan a hablar de pesca y de comida, claro que no se les ocurre otra cosa al parecer. La casa aparece a lo lejos, tiene paredes blancas oscurecidas por el salitre y la humedad del mar. La madera de la puerta parece podrida y la pared descascarillada, me encojo de hombros mientras observo la fachada. Los chicos abren la puerta y justo cuando voy a entrar escucho un maullido detrás de mí. Me giro de forma automática, los gatos son una de mis mayores debilidades. Agacho la mirada y me quedo observando al gato pensando que no puede ser posible. Es Snuff, lo reconocería en cualquier lugar del mundo.

Es mi gata sin lugar a dudas, esos ojos amarillentos y ese pelaje… Frunzo el ceño y acaricio al gato entre las orejas buscando la cicatriz que tiene mi gata en la pata, para comprobar si es ella. Ronronea mientras mi mano recorre su lomo y encuentro la cicatriz en la pata trasera izquierda. No consigo entender cómo ha podido llegar hasta aquí. Eleazar y yo hemos tardado varios días, parando y con comida pero… ¿nos ha seguido? Me rasco la cabeza pensativa dejando de acariciar a la gata y entonces la voz de Eleazar llega hasta mis oídos despidiéndose del chico del sombrero de cuero.

-Un placer señorita, espero que nuestros caminos se vuelvan a cruzar-dice acercándose a mí una vez ha salido de la casa. Me sonríe, se coloca su sombrero y se marcha con pasos pesados y arrastrados.

Lo miro de reojo hasta que desaparece de mi vista y tomo a Snuff en brazos aún demasiado confusa y preguntándome todavía cómo ha podido la maldita gata llegar a este pueblo abandonado. Entro en la casa que son cuatro paredes con un gran montón de paja en una esquina, no tiene más. No necesitamos más.

Eleazar mira a Snuff de reojo y luego frunce el ceño girándose hacia mí y me quita a Snuff de las manos observándola:

-¿De dónde la has sacado?

-Ey, no le hagas daño. Es mi gata, es Snuff.

La gata se bufa entre las manos de Eleazar y parece querer morderle. Se me hace extraño verla en esa situación porque Snuff siempre ha sido muy pacífica y nunca ha intentado morder a nadie.

-Asqueroso gato-masculla Eleazar evitando que mi gata de pelaje ceniza le muerda y la posa sobre el suelo sin ninguna delicadeza. Lo mira como enfadado y alza la mano con intenciones de golpearle pero le sujeto:

-¿Qué haces?¿Estás loco?

Me mira a los ojos y suspira sin decir palabra, suelta mi mano de su brazo y mira a Snuff irse hacia el exterior con el pelaje aún erizado y sin bajar la guardia.