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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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viernes, 11 de febrero de 2011

Yo sé diferenciar cuándo algo es producto de mi imaginación y cuándo no.



No consigo conciliar el sueño después de lo sucedido, ¿y si no era real y me lo había imaginado? Cuando la luz de la mañana comienza a iluminar el lugar observo a Eleazar dormido a unos cinco metros de distancia. Suspiro y me pongo en pie dirigiéndome hacia él para volverme a tumbar pero esta vez a su lado. “Quizás todas las voces que escuché por la noche no fueron más que delirios causados por la fiebre o un mal sueño”, pienso.

A su lado, me siento protegida, quizás porque él fue quien me salvó en el lago o porque ha estado cuidando de mí sin que yo se lo haya pedido, pero se ha ganado mi confianza. Lo miro mientras duerme y puedo pasar así horas, porque no despierta hasta que el sol ya está en lo alto. Cuando abre los ojos se sobresalta, porque no espera encontrarme allí tan cerca de él. Me limito a sonreír para luego decirle:

-¿No escuchaste ningún ruido anoche?

Él frunce el ceño negando con la cabeza mientras se estira desperezándose y añade riéndose:

-Lo habrás soñado. Tienes pinta de lunática, de esas que tienen mucha imaginación y se inventan cosas como… caballos con alas o mariposas asesinas.

-No soy una lunática, tengo los pies bien puestos sobre la tierra. Pero usted señor Eleazar se burla de mí constantemente-digo intentando mostrarme indignada.

-Disculpe usted señorita escucho ruidos por las noches-dice poniendo los ojos en blanco mientras se sienta y se revuelve el pelo.

-Claro que los escuché, porque eran reales. Y había un perro, bueno un lobo. En realidad no sé lo que era, pero se me tiró encima… y luego… Luego se fue como llorando-dije recordando.

Aprieta los dientes. Me gustaría saber qué es lo que pasa por su mente en estos momentos, pero resulta imposible. Cuando se pone a pensar no tiene expresión en el rostro, es decir no está serio pero tampoco está sonriendo, está como perdido en sus pensamientos sin mirar nada pero con los ojos abiertos.

-Eleazar-susurro intentando llamar su atención.

Me mira, pero me doy cuenta de que no me está mirando a mí sino a algo que hay detrás de mí. Giro la cabeza mirando por encima de mi hombro, pero no hay nada ni nadie. ¿Entonces qué es lo que ha visto Eleazar?

-Ele… ¿se puede saber que…?-comienzo a preguntar pero no me deja finalizar pues me contesta antes:

-No pasa nada, pensé que había algo ahí. Pero estaba equivocado-sonríe con picardía antes de continuar-. Por lo menos yo sé diferenciar cuándo algo es producto de mi imaginación y cuándo no.