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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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sábado, 2 de abril de 2011

La llegada del invierno es inminente pequeña señorita

Mirando al cielo quedo, observando el ir y venir de las nubes que casi parecen irreales, y en estos momentos son en los que mi mente comienza a cavilar el por qué de mi situación y la razón de todos los sucesos que acontecen a mi alrededor. Son milésimas de segundo, pequeñísimos impulsos nerviosos los que me conllevan a pensar que quizá podría haber seguido otro camino, pero no lo escogí. Se me han presentado decenas de oportunidades desde que emprendí este viaje, a tierra desconocida para mí, con Eleazar. Puedo irme, y dejarlo, pero la curiosidad acecha mi mente y la rodea queriendo decirme que debo seguir con él, para averiguar a dónde me lleva, y por qué debo confiar en él. Pero son cuestiones sin respuesta.

Quizá exista una Liselotte en alguna otra parte del mundo que no ha escogido el mismo camino que yo, y ahora vagabundea en busca de trabajo o un chico que le proporcione cobijo y alimento. O tal vez ha conseguido sobrevivir con su habilidad para las plantas y viva en la copa de algún árbol apartado de cualquier pueblo, llevando una vida solitaria y monótona.

Agarro una florecilla roja entre mis dedos, parece un aster, suelen crecer en verano y mueren casi invierno, este conjunto de asteres puede ser el último hasta el año que viene. Tuerzo los labios pensando en arrancar la flor pero eso no me serviría nada más que para acortar más aún la vida de la pobre flor. Me incorporo lentamente mientras es cucho el trinar dulce de un pajarillo de color curioso. Me da un vuelco el corazón, es el mismo pájaro que estuvo en el alféizar de la ventana la noche antes de ser condenada. No puede ser el mismo pájaro, debe ser que hay una bandada de esa especie que está buscando alimento y este pequeñín se ha descarriado. Su color es sorprendente, debe ser imposible para él pasar desapercibido para los depredadores, pero ahí está. Volando sobre mi cabeza sin temor a nada, sin sentir miedo, sin ocultarse de nada.

Agito la cabeza y me levanto regresando de nuevo al local, en el que dejé a Eleazar, esperando que no se haya marchado. Empujo la puerta y frunzo el ceño al no verlo. “Se habrá ido sin mí”, pienso. Pero entonces un escalofrío me recorre desde las puntas del pelo hasta el dedo pulgar del pie, y me giro sobre mis talones. Está mirándome como si llevase detrás de mí una eternidad y no acabase de llegar, no he escuchado ningunos pasos por lo que me sorprende.

-No tienen habitaciones arriba-dice encogiéndose de hombros-. Esperaba que nos pudiésemos alojar bajo techo esta noche.

-Tranquilo, no importa, no creo que por una noche más bajo la luz de la luna me vaya a morir-sonrío y el gesto de su cara no es precisamente una sonrisa, sino más bien un fracaso de ella-. ¿O-ocurre algo?-logro preguntar tartamudeando pues que su semblante cambie de expresión no es buena señal, y es algo que he aprendido en el poco tiempo que llevo con él.

Niega con la cabeza mientras se revuelve el pelo y contesta:

-No pasa nada, no es nada.

Una mano se posa sobre mi hombro y doy un respingo asustada, me vuelvo a girar sobre mis talones y me encuentro con el señor del sombrero de cuero. No es tan mayor como parecía, es más, parece de mi edad, su piel es de color tostado y sus ojos negros resultan inquietantes.

-Si queréis podéis dormir esta noche en la casa de mi abuelo, se murió hace unas semanas y básicamente ahora es mía. Claro que estaréis pensando en cómo vais a fiaros de un completo desconocido que os ofrece un alojamiento y además gratis. Supongo que es lo que se debe hacer, además no temo a que robéis nada porque simplemente no hay muebles. Hay una tela blanca y un montón de paja, supongo que os podrá servir de cama si queréis-me mira y levanta el sombrero para que le veamos mejor la cara.

-Muchas gracias por su hospitalidad-contesta Eleazar.

-No es nada, saldré a pescar con mi tío en breves pero por la mañana regresaré sobre el amanecer, sería preferible que os marchaseis antes del medio día y que no hicieseis mucho ruido.

-Se lo agradecemos-murmuro con las mejillas sonrosadas y se limita a asentir y repetir de nuevo:

-No es nada, además no podría dejar a una señorita durmiendo cuando los animales nocturnos rondan continuamente por estos terrenos.

Un escalofrío me sacude al recordar la noche en el claro cuando aquel… lobo o perro o lo que fuese se paró a menos de un centímetro de mí. Trago saliva y los miro a ambos que se han quedado observándome con mirada inquisitiva.

-Estoy bien, sólo tengo un poco de frío.

-La llegada del invierno es inminente pequeña señorita-sonríe quitándose por fin el sombrero y mostrando un cabello tan negro como sus ojos-. Os llevaré a la casa de la que os he hablado-dice, apartándome de forma sutil de su camino y andando por delante con Eleazar y dejándome a mí atrás.

-Menudo par de caballeros-bufo por lo bajo.