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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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martes, 29 de marzo de 2011

Estamos empate yo cobarde y tú despreciable


La ira que se refleja de forma instantánea en los ojos de Eleazar me inspira temor, sé que ese odio no es para mí, pero lo emana por todos los poros de su cuerpo. Su rostro parece endurecerse y se muestra más adulto y en guardia que nunca.

-Temperance-murmura a modo de saludo mientras la cuerda que me ata al otro cae al suelo y me ayuda a levantarme.

-Muy bien Eleazar recuerdas los nombres, hace… tanto tiempo que te perdí la pista. Pensé que por lo menos te despedirías de mí, pero aquel día cuando te marchaste supe que eras un cobarde-dice la voz mientras de entre los matorrales emergía una silueta femenina, alta y delgada, de líneas suaves y delicadas.

-Estamos empate yo cobarde y tú despreciable-dice entrecerrando los ojos cuando la luz de la mañana bañó el rostro de la chica.

Es hermosa, simplemente la puedo describir de esa manera, pero es mucho más que hermosa. Sus pómulos rosados no destacan demasiado en el rostro, sus labios son carnosos pero no demasiado gruesos, su cabellera corta y espesa es de color del otoño. De color del otoño y no otro porque es una sutil mezcla de diferentes tonalidades de castaño y cobrizo. Su piel es de color canela, casi puedo decir que parece de canela porque su olor es ese y no otro. Tiene los ojos rasgados lo que le da un aspecto felino y lo que inquieta aún más son sus ojos semi-amarillos rodeados por espesas pestañas color carbón.

Se da cuenta de que la estoy mirando y sonríe de lado como respuesta a la acusación de Eleazar, alza la barbilla queriendo mostrar superioridad y se acerca con pasos silenciosos y casi imperceptibles que ondean la falda crema de su vestido.

-Tu nombre-dice cuando llega hasta mí, pero Eleazar se interpone en medio ocultándome de la vista de la chica .

-No la metas en nada de esto, no le interesa nada de lo que le puedas decir, Temperance admítelo no te queda nada- dice Eleazar con voz ronca que encubre su ira y me toma de la muñeca.

-Liselotte-murmullo de forma infantil sin percatarme de que le he dicho lo que ella quería saber, me muerdo el labio ante mi respuesta y miro a Eleazar sintiéndome culpable y miserable por haberle desobedecido.

-Muy bien Liselotte, mi nombre es Temperance-dice extendiendo la mano la cual Eleazar mira de reojo y por la que arruga la nariz, por lo que Temperance acaba retirándola. Ella se ríe-. Liselotte, ¿crees conocer a Eleazar? ¿De veras crees conocerlo? No sabes ni una centésima parte de lo que es, no tienes ni idea de lo que ha hecho.

-Vámonos-ruge Eleazar tirando de mi muñeca y haciéndome andar con él, echo la mirada hacia atrás mirando por encima del hombro a Temperance y ella me responde como si continuase hablándole:

-Piénsalo. Ni siquiera te conoces a ti misma. Acusada de brujería, -sonríe de forma socarrona – me río yo de la brujería que puede correr por tus venas. Brujería no, los latentes son demasiado estúpidos como para percatarse de algo que exista más allá de su dios, su vida, su cultivo y el diablo.

Frunzo el ceño sin comprender, pero su voz cada vez se oye más lejana porque ella ha decidido no seguirnos y se sienta en el tronco de un árbol muerto en el cual apoya sus manos. Antes de que las ramas de los árboles la hagan desaparecer de mi campo de visión creo ver cómo el tronco se recubre de musgo. Ahogo un grito de sorpresa y miro a Eleazar cuyo rostro cada vez parece más relajado pero no por ello menos exasperado.

-Liselotte… siento haberte perdido de vista no volverá a ocurrir, no debía haberte traído aquí, tenía la acorazonada de que estaría por estos lares… Sabía que no debía pero… Lo siento, sé que esto te puede parecer confuso pero agradecería que me disculpases aunque no sepas de lo que te hablo-dice mirándome, una vez que estamos lo suficientemente alejados de ellos, sus ojos…

Suspiro sin dejar de mirarlo a los ojos y me limito a humedecerme los labios y pronunciar las palabras que él ansia:

-Te perdono.

Sonríe y me toma de la mano con menos rudeza y apartamos las últimas ramas de los árboles que nos conducen a un camino de tierra construido por el paso de los carros, que no se encuentra muy distante de un pequeño pueblo que parece tranquilo.

-Creo que… te debo una comida en condiciones-murmura mientras lleva la mano al bolsillo que hay en su pantalón mugriento y de color tierra, me mira y sonríe, lo que me reconforta y me hace saber que intenta estabilizarse emocionalmente.