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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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domingo, 13 de marzo de 2011

No merece la pena esconderla de… mí.

La noche nos alcanza silenciosa y miro cómo Eleazar cae dormido en poco tiempo, pero yo soy incapaz de cerrar siquiera los ojos. Me duele la cabeza, mis piernas flojean y siento escalofríos todo el rato. Por un instante pienso en despertar a Eleazar, pero acabo decidiendo que no, no vale la pena, ya me recuperaré, que quizá, durmiendo todo se pase. Pero no se pasa porque el sueño no llega y cada vez mi temblor es mayor, no me encuentro para nada bien. Es como si un gusano orondo y juguetón se hubiese metido por mi boca y saltase en mi estómago. Me pongo en pie para intentar combatir las náuseas, pero eso solo me marea más. Me mantengo quieta y respiro de forma profunda. Escruto en la oscuridad, pero no encuentro a Eleazar.

No lo encuentro.

Se ha ido. Esa idea me aterra porque no tengo ni la más remota idea de cómo regresar a Salem, aunque claro, ¿para qué querría regresar a ese pueblo? Trago saliva nerviosa y muevo los dedos de las manos para despertarlos. Los dientes me castañean pero a pesar de eso y del pánico que me envuelve, grito:

-¡Eleazar!

Silencio.

-¡Eleazar!-vuelvo a gritar.

Doble silencio. Miro hacia todos lados, quizá lo han secuestrado o tal vez un animal salvaje vino y… Me muerdo el labio y corro en dirección contraria a por donde vinimos sin dejar de murmurar su nombra de forma inconsciente. Acabo tropezando con una piedra del camino y cayendo rendida al suelo sin poder levantarme de nuevo. Odio ser tan débil.

Me llevo las manos a la cabeza, aún tirada en el suelo, y me sorprendo de la temperatura a la que me encuentro mientras gotas de sudor recorren mis mejillas.

-Eleazar…-vuelvo a murmurar.

A pesar de haber discutido con él, es la única persona a la que tengo en estos momentos y no me gustaría perderla, no sin haberme despedido antes por lo menos. Cierro los ojos, por fin el sueño ha aceptado venir, pero no en el momento más indicado. Aunque el sueño no sea bienvenido, tira de mí con fuerza pidiéndome cerrar los ojos y descansar. Yo, como niña obediente que soy me encomiendo al mundo de los sueños.

Todo es negro, pegajoso, agitado, horrible. Abro los ojos sobresaltada e intento ponerme en pie pero tengo las muñecas atadas al tronco de un árbol. ¿Y eso cuando ha ocurrido? Tengo la boca seca y los ojos llorosos por los dolores y la fiebre que padezco.

-¡¡Eleazar eres un estúpido!!

Pero como respuesta obtengo un grito de dolor que se escucha en la lejanía, seguido de la carrera de algún hombre. Pies ligeros, pasos ágiles, seguros y certeros… es él. Apoyo la cabeza contra el otro del árbol, tengo los brazos doloridos y me pican pero soy incapaz de moverlos un poco por temor a que dislocarme uno de ellos. Cuando escucho que se acerca, alzo la mirada y observo su llegada, pero todo lo veo tan borroso que no lo hubiera logrado identificar sino fuera por su rubia melena.

-No debías andar de noche sola. Por la noche se duerme- me reprende intentando deshacer el nudo que me une al tronco, pero entonces otra voz dulce, melodiosa y femenina se escucha cerca de mí:

-Eleazar, Eleazar, Eleazar… no puedes jugar al escondite con personas. Siempre te acabo encontrando. No merece la pena esconderla de… mí.