Blog Archive

La autora:

Mi foto
Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
Ver todo mi perfil

Followers

Se ha producido un error en este gadget.
jueves, 31 de marzo de 2011

No entiendo nada pero a la vez lo entiendo de forma lejana, es difícil de explicar.



El pueblo no se halla demasiado lejos y está a las orillas del mar, por lo que ha de ser un pueblo de pescadores, añoro el olor del mar, el salitre y la humedad que encrespa mi pelo. Caminamos cogidos de la mano en silencio, pienso que todo lo que está pasando por mi vida en estos momentos resulta demasiado confuso pero hay algo en todo en este asunto que me resulta familiar, quizá es lo que me ocultan o la acorazonada de que sé lo que ocurre pero mi mente lo encubre. Odio este sentimiento porque no sé interpretarlo del todo, ¿qué quiere decir que sé lo que ocurre o que creo saber lo que está pasando pero en ambos casos mi mente anula toda respuesta por miedo a ser correcta?

Mi mente no es más que un hervidero de ideas, no entiendo nada pero a la vez lo entiendo de forma lejana, es difícil de explicar. Me siento un tanto furiosa conmigo misma por no poder contestar a mis preguntas, a la vez padezco una curiosidad incontrolable por Eleazar pero al mismo tiempo por la chica de rasgos felinos y movimientos delicados.

Las casas del pueblo son pequeñas y de techos bajos, pero en su interior se oye alguna que otra voz infantil y conforme nos acercamos más a la costa, las siluetas de las barcas y los pescadores se hacen más grandes y se definen adquiriendo colores vivos por la posición del sol en lo alto. Antes de que me dé cuenta Eleazar abre una puerta para dejarme pasar a lo que parece ser una posada, quizás una taberna. La madera del local está inflada por la humedad y es de un color oscuro. Está poco iluminado porque las ventanas son pequeñas y no dejan pasar correctamente la luz del exterior.

Nos sentamos en una mesa que está libre, en el lugar hay un par de pescadores negociando, con el dueño del local, el precio de lo que han pescado esta mañana, un hombre vestido de negro con un andrajoso sombrero que le tapa el rostro y una mujer rolliza que ejerce de camarera y a la vez de cocinera. Se acerca a nuestra mesa y Eleazar habla con ella mientras yo me pierdo en los orificios del sobrero de cuero del hombre de la esquina. Eleazar me pregunta algo, a lo cual contesto:

-Da igual, lo que tú quieras.

Parece ser una respuesta aceptable porque se limita a asentir y a continuar hablando con la mujer de pecho prominente y oscuros rizos que enmarcan su semblante. Mis dedos se deslizan sobre las vetas de la madera delineándolas, mientras mi mente se inhibe en su propia pompa. La mujer regresa al cabo de un rato con la comida, y como sin saber lo qué a ciencia cierta, porque apenas miro el plato, lo veo pero no lo miro. Eleazar me echa alguna que otra mirada, quizá pensando qué es lo que pasa por mi mente pero ni siquiera yo lo sé, así que supongo que no pasa nada. Eleazar vierte el mismo líquido que cuando estaba enferma en mi vaso, pero continúo comiendo en silencio, simplemente lo miro con recelo y me bebo el contenido a sorbos pequeños. En cuanto mi estómago está saciado y el vaso vacío, me levanto de la mesa sin mediar palabra y salgo al exterior.

El sol comienza a ponerse y los pescadores vuelven a salir con sus barcas que rompen la trayectoria de las olas, que intentan llegar a la orilla. Observo un prado de flores rojizas y no puedo evitar correr hacia el lugar y tirarme sobre aquellas flores sin pensar en lo que puede vivir por allí, aunque no me interesa demasiado.

martes, 29 de marzo de 2011

Estamos empate yo cobarde y tú despreciable


La ira que se refleja de forma instantánea en los ojos de Eleazar me inspira temor, sé que ese odio no es para mí, pero lo emana por todos los poros de su cuerpo. Su rostro parece endurecerse y se muestra más adulto y en guardia que nunca.

-Temperance-murmura a modo de saludo mientras la cuerda que me ata al otro cae al suelo y me ayuda a levantarme.

-Muy bien Eleazar recuerdas los nombres, hace… tanto tiempo que te perdí la pista. Pensé que por lo menos te despedirías de mí, pero aquel día cuando te marchaste supe que eras un cobarde-dice la voz mientras de entre los matorrales emergía una silueta femenina, alta y delgada, de líneas suaves y delicadas.

-Estamos empate yo cobarde y tú despreciable-dice entrecerrando los ojos cuando la luz de la mañana bañó el rostro de la chica.

Es hermosa, simplemente la puedo describir de esa manera, pero es mucho más que hermosa. Sus pómulos rosados no destacan demasiado en el rostro, sus labios son carnosos pero no demasiado gruesos, su cabellera corta y espesa es de color del otoño. De color del otoño y no otro porque es una sutil mezcla de diferentes tonalidades de castaño y cobrizo. Su piel es de color canela, casi puedo decir que parece de canela porque su olor es ese y no otro. Tiene los ojos rasgados lo que le da un aspecto felino y lo que inquieta aún más son sus ojos semi-amarillos rodeados por espesas pestañas color carbón.

Se da cuenta de que la estoy mirando y sonríe de lado como respuesta a la acusación de Eleazar, alza la barbilla queriendo mostrar superioridad y se acerca con pasos silenciosos y casi imperceptibles que ondean la falda crema de su vestido.

-Tu nombre-dice cuando llega hasta mí, pero Eleazar se interpone en medio ocultándome de la vista de la chica .

-No la metas en nada de esto, no le interesa nada de lo que le puedas decir, Temperance admítelo no te queda nada- dice Eleazar con voz ronca que encubre su ira y me toma de la muñeca.

-Liselotte-murmullo de forma infantil sin percatarme de que le he dicho lo que ella quería saber, me muerdo el labio ante mi respuesta y miro a Eleazar sintiéndome culpable y miserable por haberle desobedecido.

-Muy bien Liselotte, mi nombre es Temperance-dice extendiendo la mano la cual Eleazar mira de reojo y por la que arruga la nariz, por lo que Temperance acaba retirándola. Ella se ríe-. Liselotte, ¿crees conocer a Eleazar? ¿De veras crees conocerlo? No sabes ni una centésima parte de lo que es, no tienes ni idea de lo que ha hecho.

-Vámonos-ruge Eleazar tirando de mi muñeca y haciéndome andar con él, echo la mirada hacia atrás mirando por encima del hombro a Temperance y ella me responde como si continuase hablándole:

-Piénsalo. Ni siquiera te conoces a ti misma. Acusada de brujería, -sonríe de forma socarrona – me río yo de la brujería que puede correr por tus venas. Brujería no, los latentes son demasiado estúpidos como para percatarse de algo que exista más allá de su dios, su vida, su cultivo y el diablo.

Frunzo el ceño sin comprender, pero su voz cada vez se oye más lejana porque ella ha decidido no seguirnos y se sienta en el tronco de un árbol muerto en el cual apoya sus manos. Antes de que las ramas de los árboles la hagan desaparecer de mi campo de visión creo ver cómo el tronco se recubre de musgo. Ahogo un grito de sorpresa y miro a Eleazar cuyo rostro cada vez parece más relajado pero no por ello menos exasperado.

-Liselotte… siento haberte perdido de vista no volverá a ocurrir, no debía haberte traído aquí, tenía la acorazonada de que estaría por estos lares… Sabía que no debía pero… Lo siento, sé que esto te puede parecer confuso pero agradecería que me disculpases aunque no sepas de lo que te hablo-dice mirándome, una vez que estamos lo suficientemente alejados de ellos, sus ojos…

Suspiro sin dejar de mirarlo a los ojos y me limito a humedecerme los labios y pronunciar las palabras que él ansia:

-Te perdono.

Sonríe y me toma de la mano con menos rudeza y apartamos las últimas ramas de los árboles que nos conducen a un camino de tierra construido por el paso de los carros, que no se encuentra muy distante de un pequeño pueblo que parece tranquilo.

-Creo que… te debo una comida en condiciones-murmura mientras lleva la mano al bolsillo que hay en su pantalón mugriento y de color tierra, me mira y sonríe, lo que me reconforta y me hace saber que intenta estabilizarse emocionalmente.

domingo, 13 de marzo de 2011

No merece la pena esconderla de… mí.

La noche nos alcanza silenciosa y miro cómo Eleazar cae dormido en poco tiempo, pero yo soy incapaz de cerrar siquiera los ojos. Me duele la cabeza, mis piernas flojean y siento escalofríos todo el rato. Por un instante pienso en despertar a Eleazar, pero acabo decidiendo que no, no vale la pena, ya me recuperaré, que quizá, durmiendo todo se pase. Pero no se pasa porque el sueño no llega y cada vez mi temblor es mayor, no me encuentro para nada bien. Es como si un gusano orondo y juguetón se hubiese metido por mi boca y saltase en mi estómago. Me pongo en pie para intentar combatir las náuseas, pero eso solo me marea más. Me mantengo quieta y respiro de forma profunda. Escruto en la oscuridad, pero no encuentro a Eleazar.

No lo encuentro.

Se ha ido. Esa idea me aterra porque no tengo ni la más remota idea de cómo regresar a Salem, aunque claro, ¿para qué querría regresar a ese pueblo? Trago saliva nerviosa y muevo los dedos de las manos para despertarlos. Los dientes me castañean pero a pesar de eso y del pánico que me envuelve, grito:

-¡Eleazar!

Silencio.

-¡Eleazar!-vuelvo a gritar.

Doble silencio. Miro hacia todos lados, quizá lo han secuestrado o tal vez un animal salvaje vino y… Me muerdo el labio y corro en dirección contraria a por donde vinimos sin dejar de murmurar su nombra de forma inconsciente. Acabo tropezando con una piedra del camino y cayendo rendida al suelo sin poder levantarme de nuevo. Odio ser tan débil.

Me llevo las manos a la cabeza, aún tirada en el suelo, y me sorprendo de la temperatura a la que me encuentro mientras gotas de sudor recorren mis mejillas.

-Eleazar…-vuelvo a murmurar.

A pesar de haber discutido con él, es la única persona a la que tengo en estos momentos y no me gustaría perderla, no sin haberme despedido antes por lo menos. Cierro los ojos, por fin el sueño ha aceptado venir, pero no en el momento más indicado. Aunque el sueño no sea bienvenido, tira de mí con fuerza pidiéndome cerrar los ojos y descansar. Yo, como niña obediente que soy me encomiendo al mundo de los sueños.

Todo es negro, pegajoso, agitado, horrible. Abro los ojos sobresaltada e intento ponerme en pie pero tengo las muñecas atadas al tronco de un árbol. ¿Y eso cuando ha ocurrido? Tengo la boca seca y los ojos llorosos por los dolores y la fiebre que padezco.

-¡¡Eleazar eres un estúpido!!

Pero como respuesta obtengo un grito de dolor que se escucha en la lejanía, seguido de la carrera de algún hombre. Pies ligeros, pasos ágiles, seguros y certeros… es él. Apoyo la cabeza contra el otro del árbol, tengo los brazos doloridos y me pican pero soy incapaz de moverlos un poco por temor a que dislocarme uno de ellos. Cuando escucho que se acerca, alzo la mirada y observo su llegada, pero todo lo veo tan borroso que no lo hubiera logrado identificar sino fuera por su rubia melena.

-No debías andar de noche sola. Por la noche se duerme- me reprende intentando deshacer el nudo que me une al tronco, pero entonces otra voz dulce, melodiosa y femenina se escucha cerca de mí:

-Eleazar, Eleazar, Eleazar… no puedes jugar al escondite con personas. Siempre te acabo encontrando. No merece la pena esconderla de… mí.