Blog Archive

La autora:

Mi foto
Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
Ver todo mi perfil

Followers

Se ha producido un error en este gadget.
viernes, 28 de enero de 2011

Aún no tienes buena cara, bueno, en realidad si has nacido así, poco se puede hacer.




Pasa su mano por mi frente sin dejar de mirarme a los ojos y sonríe de lado para luego girar sobre sus talones y coger una taza de cerámica bastante gastada y entregármela. Miro el interior de la taza y me encuentro con un líquido oscuro y turbio, no parece demasiado líquido pero a la vez parece agua coloreada. Miro a Eleazar, al parecer quiere que me tome eso porque simplemente asiente con la cabeza y luego comienza a llenar una talega de tela con un par de manzanas y otros objetos que desde mi situación no logro reconocer. Miro de nuevo al contenido de la taza y arrugo la nariz cuando me lo llevo a la boca y su sabor amargo me inunda el paladar, siendo percibido por todas y cada una de mis papilas gustativas. Dejo la taza sobre el suelo y miro a mi alrededor, la casa está vacía, a excepción de Eleazar y de mí.

-Nos vamos, no creo que este lugar sea demasiado seguro para nosotros-dice mientras cierra la bolsa y se la echa al hombro.

Me levanto sacudiendo mi empolvado vestido blanco y me comienzo a preguntar el por qué de que el lugar no sea seguro. “Es la casa de su hermana, ¿este no debería ser uno de los lugares más seguros para él? Claro que, ¿por qué vamos a buscar seguridad?¿a caso estoy en busca y captura”.

Sin decir nada más se dirige hacia la puerta y la abre, sujetándola para dejarme pasar a mí primero. Camino hacia el exterior, algo mareada y aún con un ligero dolor de cabeza. ¿Cómo es posible que lo que mi madre no consiguió curar en una semana, lo curase él en una simple noche? Miro hacia atrás y lo observo bajo la luz de la mañana incidiendo sobre sus oxigenados cabellos. Inclino la cabeza y lo escucho hablarme, mientras encaja la puerta tras él:

-Aún no tienes buena cara, bueno, en realidad si has nacido así, poco se puede hacer, pero me refiero a que aún estás enferma así que no vamos a caminar demasiado. Creo que acamparemos en un claro del bosque esta noche. Claro que… llegaremos si avanzamos lo que tengo pensado, pero por muy lento que vayamos antes del anochecer habremos llegado-dice apartando el pelo de su cara sonriendo.

Me limito a bufar, era de esperar que volviese a sus andadas, a bromear me refiero. Puede ser muy dulce, lo ha demostrado, pero su extraño sentido del humor no lo abandona. Comenzamos a andar en silencio, pero al cabo de unos minutos ya estoy cansada y el calor no ayuda a mejorar mi estado, por lo que decido parar. Como un resorte Eleazar se gira para mirarme en cuanto cesan mis pisadas y me mira como queriendo decirme: “Tranquila, yo espero”. Por lo que cuando recupero de nuevo el aliento proseguimos nuestro camino, bueno su camino, porque no sé a dónde me lleva. No entiendo aún la razón de su ayuda que no he solicitado aunque quizás lleve pintada en la mirada, y cada vez pienso en la posibilidad de que sea puritano, esta se me hace más remota, por su forma de comportarse conmigo. Aunque claro, puede estar actuando, fingiendo que es bueno, que puedo confiar en él, y luego clavarme el puñal por la espalda. Por eso no confío en las personas, porque he aprendido que no se debe juzgar a alguien por sus apariencias ya que todos podrían traicionarte.

Me paro cada, aproximadamente, quince minutos, y es algo que no puedo evitar pero me hace sentir inservible e inútil porque estoy retrasando el viaje. El paisaje, por el cual nos movemos, cada vez está más frondoso y el calor disminuye, ya que las copas de los árboles nos protegen, pero no se llegan a cerrar como el día anterior. Escucho el correr del agua de algún río o riachuelo cercano, lo que me hace sonreír y saber que, en el caso de perdernos, encontraremos agua. Cuando me paro por decimocuarta vez, Eleazar suspira, al principio me parece que es porque está molesto, pero luego creo que es más bien por pena. Y no me gusta dar pena a la gente porque no la doy por muy mal aspecto que tenga.

Mira a nuestro alrededor y frunce el ceño porque, al parecer, no encuentra lo que busca, pero se sienta en una tosca roca situada al pie de un árbol y abre la bolsa de tela sacando un par de manzanas y un recipiente de cristal tapado con un corcho, que contiene el mismo líquido que me dio a beber esta mañana. Pongo cara de asco de forma instantánea y él se ríe de forma sonora. Es la primera vez que escucho su voz desde que comenzamos a caminar aquella mañana. Lo miro y sonrío sentándome en el suelo a su lado, para luego tumbarme debido al cansancio. Observo de reojo cómo vierte en un vaso metálico la bebida oscura y amarga, me muerdo el labio y pregunto:

-¿Por qué te fuiste de tu casa?¿Por qué abandonaste a tu familia hace dos años?

viernes, 21 de enero de 2011

Sonriendo con las pupilas



Entreabro los ojos, me duele la cabeza y escucho de nuevo un murmullo, pero no es igual al anterior. La voz vuelve decir algo, pero no capto las palabras. Mi cabeza da vueltas y no ubica los sonidos. Noto algo sobre la frente, al igual que siento que mi piel está sudorosa y pegajosa. Frunzo el ceño y por fin logro identificar las palabras, es la voz de Eleazar y repite mi nombre una y otra vez sin cesar. Abro los ojos por completo y observo una sonrisa en su rostro.

-No me habías dicho que estuvieses enferma.

¿Enferma? Yo no estoy enferma, bueno no lo estaba esta mañana. Me intento levantar pero la mano de Eleazar me impide incorporarme y me echa de nuevo hacia abajo diciendo:

-No te preocupes, no te voy a matar ni nada por el estilo.

Sonrío pero me duele la cabeza con cualquier movimiento que haga, y los ojos me escuecen al mantenerlos abiertos, no se escucha ningún ruido más en la casa.

-Están durmiendo, Eve y Asa quiero decir-contesta como si me hubiese leído la mente.

Eleazar me asombra por momentos, mi primera impresión de él ha sido que es un egocéntrico y que se cree importante, pero por cómo se está comportando conmigo comienzo a pensar que, quizás, tiene un lado bondadoso. Me quita el paño mojado de la cabeza y escucho como lo escurre y lo vuelve a mojar para colocármelo en la frente con agua fría.

-Debes dormir, yo te vigilo.

En este momento me acuerdo de mi madre, de aquella vez en la que enfermé y no cesó de humedecerme la frente y realizar infusiones de diversas plantas para que mejorase. Estuve cerca de una semana enferma, pero ella siempre estuvo a mi lado velando mi sueño. Pero no está mi madre. Está Eleazar, y debo aceptarlo. Debo aceptar que mi madre no regresará, no resurgirá de sus cenizas, ni volverá a trenzarme el pelo, ni a tocar la punta de mi nariz con su dedo índice.

-Gracias-murmuro, pero soy consciente de lo que he dicho, una vez mis labios ya lo han pronunciado.

Mis ojos se cierran en escasos segundos y me hundo en un sueño oscuro, sin susurros ni bosques. Simplemente un sueño en negro, de estos sueños que no sabes si lo son o si por el contrario son pesadillas, ya que no ocurre nada en ellos. Simplemente te despiertas a la mañana siguiente con la sensación de no haber dormido y de estar vacío. Pues eso es lo que me ocurre.

Me despierto cuando el sol, ya brilla con fuerza en lo alto, la cabeza no me duele tanto como por la noche. Me levanto y observo a mi alrededor restregándome los ojos, hasta que veo los suyos, mirándome y sonriéndome con sus pupilas.

viernes, 14 de enero de 2011

No sé lo que verás en él, pero yo que tú lo cogía de las orejas y lo mantenía firme.



Eleazar la mira ceñudo y luego comienza a reírse, unos segundos más tarde contesta:

-No has cambiado nada en estos dos años, Eve. Que tengas un hijo no significa que te tengas que portar como una madre conmigo.

El pequeño que se encuentra al lado de la puerta mira a Eleazar y sonríe de oreja a oreja corriendo hacia él y abrazándose a sus piernas.

-Tito Ele-sonríe mientras Eleazar lo coge alzándolo con una sonrisa también.

Eve los mira negando con la cabeza y luego se fija en mí, sonríe y dice girándose hacia él:

-Eleazar, podías presentarme a tu novia. Me parece una completa descortesía...

-No, no soy su novia-me apresuro a aclarar-.Me llamo Liselotte, un placer.

Eve mira confusa a Eleazar que, con el niño en brazos, entra en la casa y se sienta en el suelo.

-Asa, cuando seas mayor y te echen de casa, huyas por salvar el pellejo dos años, y luego regreses a casa, prepárate para la bofetada de tu madre ¿vale?-le dice al pequeño llamado Asa, que parece no haber comprendido nada pero asiente con la cabeza.

La madre del pequeño suspira y me mira, continúo en el marco de la puerta y me invita a entrar y cerrar la puerta, porque afuera comienza a helar.

-Soy Eve, la hermana de este idiota que te ha traído, no sé lo que verás en él, pero yo que tú lo cogía de las orejas y lo mantenía firme-dice y se ríe.

Me acerco hasta donde están los tres: los hermanos y Asa, y me siento en silencio al lado de Eleazar encogiéndome de hombros y mirándolo torciendo los labios para que aclare las cosas.

Eve, Asa y Eleazar, los tres nombres son nombre bíblicos y el nombre de Asa lo tienen muchos puritanos en los tiempos que corren. Tengo el presentimiento de que acabo de entrar en la boca del lobo. Estoy en una casa de puritanos, será mejor que me marche antes de que comiencen a rezar lo que quiera que hagan.

-Eve deja ya a la pobre chica, no es mi novia, simplemente necesita un lugar en el que quedarse esta noche, la estoy acompañando-dice, sin modular el tono de su voz en ningún momento, mientras le da vueltas entre sus dedos a un pequeño caballo de madera, que es un juguete de Asa, el cual se encuentra jugando con un pájaro también tallado en madera.

Ambos hermanos se miran a los ojos por unos segundos, parece que se pasan la información con una simple mirada porque, luego Eve asiente con la cabeza y se levanta del suelo.

-James esta noche se encuentra en el pueblo, así que no regresa. Supongo que podéis quedaros, pero… -dice frunciendo los labios y dirigió la mirada a una mesa que había en el fondo de la sala-. No tengo nada de comida.

Sonrío al pequeño que me está mirando, mientras su madre habla, y me señala con su dedo, me señalo yo también y entonces se acerca a mí y me susurra al oído:

-¿Te vas a casar con el tito Eleazar?

Me río sin poder evitarlo y, Eleazar y Eve que están hablando, se callan y mi risa resuena por las paredes de la pequeña casa.

-No creo pequeño-le digo llevándome la mano a los labios para acallar mi risa y Asa sonríe también y se vuelve a dónde estaba sentado con sus juguetes de madera.

Me froto los ojos, después de todo lo sucedido hoy me da igual dónde tenga que dormir, estoy muy cansada. Eleazar le explica a Eve que mañana al amanecer nos iremos, mientras mis párpados se comienzan a cerrar de forma lenta y mi cabeza se apoya en su hombro. No sé cuál es la reacción de Eleazar, pero mi cabeza ya anda por otros lares. Puede sonar raro pero es así.

Me encuentro en el túnel formado por árboles de nuevo y miro en todas direcciones al escuchar una voz que me resulta familiar. Es dulce y melodiosa, rítmica. Pero no sé dónde la he oído antes. Intento seguir esa voz dejándome guiar por mis pies y me llevan hasta el final del arco de árboles, pero no hay salida. Acaba en una sala circular donde las copas de los árboles se unen a muchos metros de altura pero con un orificio en el centro, por el cual, se filtra un grueso haz de luz brillante. Me sitúo en el centro del círculo y miro hacia arriba, obteniendo la maravillosa vista de la luna llena brillando de una forma tenue y plateada, pero mucho más elegante que la luz del sol. La voz suena con más claridad y parece estar más cerca, giro sobre mis talones pero sigue sin haber nadie, estoy confundida. Vuelvo a mirar a la luna y entonces…

viernes, 7 de enero de 2011

Para no saber a dónde vas, pareces muy segura



Ando sin saber a dónde me llevarán mis pasos, pero intentando que parezca que sé lo que me hago. Eleazar no dice nada y el silencio me tranquiliza y me ayuda a pensar. Después de caminar un buen rato me paro y miro hacia arriba, no se ve el cielo. Los árboles son altos y se cierran sobre nosotros formando una especie de túnel. “Es extraño, nunca había visto esto”. Eleazar parece nervioso y mira hacia todos lados de forma continua, en una posición defensiva y entonces es cuando habla:

-Para no saber a dónde vas, pareces muy segura-dice mirándome con esa sonrisa burlona que está permanentemente en su rostro infantil-. Mi hermana vive cerca de aquí, se está haciendo de noche y no es prudente que estemos en el bosque cuando eso ocurra.

Giro sobre mis talones al escuchar una especie de murmullo pero luego desaparece, quizás me lo he imaginado, quien sabe. La idea de quedarme en el bosque durante la noche me gusta, adoro la naturaleza pero él parece opinar todo lo contrario ¿por qué ese nerviosismo?

-No te he pedido que te quedes conmigo, ya te he agradecido el haberme salvado no necesito más protección-digo de forma fría con el semblante serio-. Tú puedes irte a dónde quieras que yo me quedaré por aquí.

Siempre he sido una persona algo fría, distante pero en realidad simplemente soy tímida y desconfiada, pero la gente suele interpretarlo de diferente forma.

Su risa me desconcierta y entonces es cuando comienza a andar hacia los árboles, que se encuentran a nuestro costado derecho, comienza a hablar:

-Creo que no es la mejor opción. No sabes quienes habitan en este bosque, y yo que tú no me quedaría a averiguarlo.

Lo miro pensando si creer en lo que dice, o por el contrario mantenerme firme ante mi decisión. Pero al parecer mis pies deciden por mí de forma instantánea y sigo sus pasos.

Los árboles se encuentran muy juntos entre ellos, como formando una fortaleza, las paredes del túnel. “¿No se enredan sus raíces?”, me pregunto mientras nos deslizamos por entre los troncos de los árboles. Y digo “deslizamos” porque el espacio es mínimo, alguien un poco más ancho no habría sido capaz de pasar por donde nosotros. Transcurren cerca de cinco minutos esquivando ramas, agachándonos y a veces arrastrándonos por el suelo, cuando por fin la muralla arbórea finaliza y me tiro sobre un camino de tierra agotada mirando al cielo, ahora de color anaranjado debido al atardecer. Pero esta escena no dura mucho ya que Eleazar me coge de un pie y comienza a arrastrarme:

Ey! ¿Qué haces?

-Si piensas quedarte ahí tirada te arrastro, este lugar aún no es seguro. Y créeme que después de haberte salvado no pienso dejarte morir-dice y se queda pensando momentáneamente-. Por lo menos hoy.

Me suelta el pie, suspiro y me levanto, sin molestarme en sacudir el polvo del vestido blanco y miro mis pies descalzos y sucios por todo lo que hemos andado. Eleazar comienza a andar sin decir nada más y corro un poco hasta ponerme a su nivel:

-¿Tu hermana vive muy lejos?-le pregunto mirándole de reojo.

Se toma unos segundos para responderme, en los cuales el cielo oscurece con presteza.

-Eve vive cerca, su casa es pequeña pero creo que nos dejará quedarnos-dice, y esas son las últimas palabras que salen de sus labios mientras el camino se sume en la oscuridad nocturna. La luna no es más que una uña esta noche pero igualmente ilumina.

Él parece muy seguro de sus pasos, pero yo miro constantemente al suelo para no tropezar. Consigo vislumbrar la silueta de una casa recortando el cielo. Miro a Eleazar y me percato de que está sonriendo, más de lo que ya sonreía antes. Nuestros pasos nos conducen directamente a la puerta de la casa de Eve, donde brilla una tenue luz de una vela cerca de la ventana y consigo escuchar la risa inocente de un niño pequeño. Eleazar llama a la puerta con los nudillos y acude a abrirnos una joven de cabellos castaños casi rojizos y de ojos iguales a los de Eleazar. Detrás de la chica que supongo que es Eve, aparece un pequeñín, de no más, de 5 años de pelo negro y los ojos de Eleazar y su hermana.

La escena me incomoda un tanto, es muy familiar a mi parecer y yo ahí no encajo. Pero entonces la mano de la pelirroja golpea la mejilla de Eleazar, cosa que me deja un tanto confusa. La muchacha comienza a hablar con una voz dulce y aguda, pero que en este momento se muestra enfadada:

-Podías haber aparecido antes, ¿sabes lo preocupada que he estado por ti, enano insensible?