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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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viernes, 10 de diciembre de 2010

La hora del baño



Se me hace my extraño que esta mujer me permita entrar en su casa, que claramente también es la casa de su marido el párroco pero ¿para qué? A las brujas las tratan con hostilidad ¿por qué ahora este recorrido turístico por su maravillosa casa?

Los escalones de madera también están recubiertos por esa moqueta de color granate, cuando llego al final de las escaleras observo el pasillo estrecho y una puerta abierta que da a una habitación donde hay dispuesto un vestido blanco muy simple sobre una silla, una palangana con agua y otro recipiente mucho más grande, como un barreño, a su lado está la señora Rossmert con las mangas del vestido remangadas y me mira de arriba a abajo, luego coge el vestido con ambas manos y nos mira sucesivamente para luego asentir con la cabeza. Permanezco callada y me acerco a ella como me ordena. Sujeta en la mano una cinta de tela blanca que me anuda en la cabeza a modo de diadema, la observo y me dejo hacer sin mediar palabra con ella hasta que habla:

-Quítate la ropa.

Frunzo el ceño, la miro de nuevo con una ceja alzada esperando que esté de broma pero su rostro me indica que va muy enserio. Me desabrocho los botones del vestido verde cubierto de suciedad que llevo y lo dejo caer al suelo. Miro a la mujer que me indica que debo entrar en el barreño. Entro en él, quedándome en pie, frotándome los brazos con las manos y percatándome de que estoy cubierta de morados y heridas causadas en las últimas horas. El agua fría cae sobre mí haciéndome tiritar en parte. Me manda sentarme, me siento. Sostiene una pastilla de jabón en la mano, con la otra me coge el brazo y comienza a frotarlo con el jabón, para luego hacer lo mismo con el otro brazo y las piernas. Me doy cuenta de que este baño es algo a lo que está acostumbrada ya ella, pero mi madre no recibió ningún baño que yo recuerde estaba cubierta de sangre cuando la vi por última vez. Trago saliva y cuando el frotar del jabón cesa contra mi piel otro jarro de agua fría cae sobre mí espabilándome. Me levanto aún dentro de la palangana y la miro, parece que me odia, que me mira con desprecio y no hace nada por evitar que sea así.

-Ponte el vestido-me manda llevándose mi antiguo vestido.

<< ¿Qué va a hacer con él?¿lo va a quemar?>>, me pregunto. Tardo unos segundos en hacer lo que se me ha dicho, me acerco al vestido y lo dejo deslizarse por mi piel. Es de una tela suave y es largo, me llega hasta los tobillos. Me quito la cinta que ella me anudó en el pelo y deshago unos pocos de enredos de mi pelo ahora mojado con los dedos y lo dejo caer por la espalda. Anudo la cinta a mi muñeca como un brazalete y cuando me giro me percato de que ella está ahí observándome, miro al suelo y luego alzo la mirada. Su pregunta me sorprende:

-¿De veras eres una bruja? Si confiesas serlo todo acabará, te dejarán libre.

Me callo y me encojo de hombros para luego mirarla a los ojos.

-Da igual lo que yo diga, a nadie le importa.

Supongo que le sorprende que siendo una hija de Satán, como ellos dicen, sea tan callada o no le haya causado problemas ni haya rechistado cuando me estaba bañando. A lo mejor pensaba que me iba a derretir con el contacto del agua, quien sabe. Se calla y posa su mano en mi hombro para guiarme por el pasillo de nuevo escaleras abajo, giro la cabeza para preguntarle pero me detiene hablando ella:

-A nadie le importa lo que diga una bruja, que seas una niña no quiere decir que no vayas a crecer y no vayas a ser como el resto. Todas devoradoras de niños y creadoras de males para la sociedad.