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Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Todo sea por un poco de diversión



-¿Sabe usted que una bruja es capaz de hipnotizar a un hombre con la mirada?-sonrío de lado- y… claro que sabe que…-digo levantándome y acercándome a los barrotes que de él me separan- podría seducirlo a usted-me muerdo el labio riéndome en mi interior.
Que divertido es esto de “ser una bruja”, claro que antes de acabar quemada en la hoguera. Me paro agarrando los barrotes con mis manos y le continúo sonriendo de forma pícara, él entreabre los labios para decir algo pero la puerta se abre interrumpiendo nuestra divertida escena y bañando la sala de luz clara del exterior. Un hombre, más bien un chico, de ojos azules, piel tostada y pelo castaño, quemado por el trabajo al sol, entra en la sala hasta acercarse a su querido cura y le susurra algo al oído que lo hace enfadar, o eso me parece a mí. El padre Rossmert se gira hacía mí y alzo una mano indicándole que se acerque sin dejar de sonreír.
-Pronto te pudrirás en las llamas de la hoguera y acabaremos con tu raza
-Pronto acabará usted en mis brazos cambiando de idea.
De improviso una mano me golpea en la mejilla por entre los barrotes, me arde el pómulo y aparto el rostro para luego mirar a mi agresor. Richmore el chico de pelo castaño, acaba de acercarse a mi celda recorriendo la sala. Bufo alejándome de los barrotes y mirándolo a él también.
-Tranquilo, tu también acabarás a mis pies.
Me río. Richmore es el hijo del alcalde por el cual todas las chicas del pueblo suspiran, aunque el muchacho no sabe hacer nada más que pasearse por las calles rondando en busca de noticias jugosas para contarle al padre o a cualquiera con poder ante la ley.
Lo observo esperando su reacción y presintiendo lo que va a hacer al ver sus labios moverse de un lado a otro. Me aparto de donde me encuentro consiguiendo evitar su escupitajo.
-Te leo la mente-bromeo sentándome en el suelo mientras jugueteo con un mechón de mi pelo.
Ambos me miran hasta que finalmente sin mediar palabra salen del lugar cerrando la puerta de madera como la noche anterior.
Grito. Sinceramente me he vuelto loca. Le doy una patada a mi puerta de barrotes, para luego quejarme sujetándome el pie dolorido y volverme a sentar frotando mi piel descalzo. Veo algo brillar bajo el banco. Lo escudriño con la mirada y me doy cuenta de que son un manojo de llaves tiradas sobre el suelo. Enarco una ceja "Esto es demasiada suerte, dudo que se les hayan caído así sin más. Pero bueno por intentar salir no me pasará nada" . Me acerco a la reja y extiendo mi brazo delgado entre las barras dy hierro hasta alcanzar las llaves. Sonrío por mi logro y las agarro con ambas manos, atrayéndolas hasta mí. Las observo frente a mis ojos frunciendo los labios. Cojo una de las llaves, una pequeña y medio oxidada como la celda y saco la mano por los barrotes, con la llave, acertando en la cerradura, girándola con cuidado para que no se caiga. ’Clack’ la puerta se abre y la empujo con la mano saliendo de la celda y cogiendo las llaves.
"Esto es demasiada casualidad, no puede ser real, esas llaves no estaban antes allí ni se le habían caído al cura sino lo habría escuchad".
Echo un último vistazo a mi alrededor y selecciono la llave más grande y maciza introduciéndola en el interior, abro los ojos asustada escuchando unos murmullos para luego obtener un gruñido como respuesta y un golpe seco sobre la puerta que me lanza hacia atrás cayendo al suelo aturdida.
"Auch".