Blog Archive

La autora:

Mi foto
Mrs.Exception
En la red soy Mrs.Exception, y bueno soy una chica de 16 años a la que le gusta escribir pero siempre lo deja todo de lado. Así que esta vez me he propuesto acabar esta historia: "La luna de Salem"
Ver todo mi perfil

Followers

Se ha producido un error en este gadget.
viernes, 31 de diciembre de 2010

Eleazar



Lo miro de arriba abajo frunciendo el ceño, no es fuerte y no es demasiado alto ¿cómo pudo sacarme del agua? Bueno tampoco es que yo pese demasiado, es más, soy delgaducha, otra de las razones por las que ningún chico me miraba. Cuando digo delgaducha no es una delgadez como la de las personas que pasan mucha hambre, no, así no. Pero tampoco es una delgadez adulta, quiero decir no tengo la misma forma que una chica de mi edad, continúo siendo una niña, un poco alta, pero con formas de niña. Aquel chico es como yo, no es un adulto, es un niño, si ni siquiera tiene un pelo en la cara.

Alzo una mano para apartar el pelo de mi frente y entreabro los labios para hablar pero él se me adelanta:

-Antes de que lo pregunte, sí, soy yo el que le ha salvado la vida y usted me debe lealtad eterna.

Lo miro entre sorprendida y enfadada “¿Quién es ese chico para darme a mí tales órdenes?”. Ante mi expresión el chico se apresura a decir:

-Era broma. Una broma es… una expresión, en este caso, que resulta ser falsa para crear una situación cómica o producir una sonrisa, pero al parecer carece de sentido del humor señorita.

Alzo una ceja y hablo de forma lenta y clara:

-Sé perfectamente lo que es una broma, solo que no me ha parecido graciosa y no he encontrado motivo alguno por el que sonreír señor…

Dejo la frase sin acabar al percatarme de que no sé su nombre, pero él se molesta en acabar mi frase:

-Eleazar, me llamo Eleazar ¿y usted es…?

-Debería saberlo, a veces salvar a personas sin conocerlas puede resultar fatal, Eleazar – el chico me mira frunciendo el ceño y se queda en silencio esperando, al parecer, que le dijese mi nombre-. Liselotte, me llamo Liselotte.

Mi nombre no era común, y el suyo era… demasiado bíblico en mi opinión ¿por qué me habría salvado?

-Puedes tutearme, yo haré lo mismo no hace falta que me lo pidas por favor sé que lo estás deseando-sonríe de lado el muy engreído-. Si quieres, te tiro al lago de nuevo, por mí no hay inconveniente. Pero no creo que salgas, nadas como un perro hambriento, créeme sé lo que digo.

Lo miro algo enfadada y noto un par de arrugas que se forman entre mis cejas y le contesto:

-No sé nadar, pero no es motivo por el que puedas mofarte de mí. Supongo que debo agradecértelo.

Se lo agradezco sí, me ha librado de la muerte, pero este chico es tan engreído que dan ganas de bajarle los humos, no me gustan las personas como él.

-¿Ves? Mucho mejor Liselotte, hay que ser agradecida ¿no te lo enseñó tu padre?

“Lo que faltaba”, pienso. Me doy media vuelta y comienzo a andar en dirección opuesta al pueblo, internándome en el bosque e intentando perder de vista al engreído de Eleazar. Y pensar que podía caerme mal en tan poco tiempo, ni aunque me hubiese salvado la vida.

-Ey, espérame que voy al mismo sitio que tú-dice y me giro sobre mis talones confundida diciéndole:

-Yo no sé a dónde voy.

-Ahí mismo voy yo-sonríe como si hubiese dicho algo gracioso.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La vida puede ser maravillosa



Toso, me duele todo pero ese no es el caso ahora. Una larga bocanada de agua sale de entre mis labios mientras me incorporo y continúo tosiendo. Respiro de forma profunda y abro los ojos.

Sonrío.

Estoy viva.

Me resulta increíble, imposible, perfectamente maravilloso. Mis dedos aferran la hierba sobre la que me encuentro, arrancando un poco y la llevo a mi nariz para olerla “Estoy viva, no me lo creo, es… raro. Me he ahogado en el lago y de repente me encuentro tumbada en la hierba, vivita y coleando y… sola. Alguien me ha salvado, ¿Quién?”. Mi salvador no está conmigo, no hay nadie alrededor, no se escucha nada. Toso y de nuevo y me limpio la boca con la mano, sonrío y no puedo evitar reír de alegría. Mi vestido blanco, el vestido con el que todas las mujeres morían en la hoguera. Pero yo lo llevo y estoy viva.

Me río más aún, definitivamente me he vuelto loca, me estoy alegrando por burlar a un juez, no puedo volver al pueblo… pero… a lo mejor estoy muerta… Bah no, los muertos según los habitantes del pueblo iban al cielo o al infierno, dependiendo de sus actos. Me levanto y me aparto el pelo rubio de la cara mientras continúo riéndome hasta que me duele el abdomen y el trinar de un pájaro me acompaña. Me fijo en el pájaro, es de color aguamarina. Es el mismo que el día anterior, lo sé porque tiene una pata de color negro. Le sonrío y me acerco hasta a él con piernas temblorosas y le digo como si le hablase:

-Estoy viva.

Río de nuevo y el pájaro parece mirarme con una sonrisa. Pero los pájaros no sonríen, he tragado demasiada agua. Continúo riendo mientras doy una vuelta sobre mis pies, me canso y me apoyo en un árbol de tronco resistente. Suspiro, los ojos se me cierran poco a poco, pero no debo dormir. No después de casi haberme muerto… Pero sólo serán cinco segundos contados…

Cinco segundos…


~~~~

Los rayos del atardecer inciden con dureza sobre mi rostro. Me restriego los ojos molesta por la luz. El bosque está en silencio, totalmente silencioso; entonces es cuando abro los ojos y lo veo ante mí. Primero me sorprendo y ahora… ahora… ¡grito!

-¡Ahhhhh!

El chico de ojos azules alza una ceja sin dejar de sonreír, no se deja impresionar por mi grito. Me tapa la boca con cuidado acallándome.

-Creí que no despertarías nunca-dice negando con la cabeza y se levanta del suelo, perdiéndolo de mi ángulo de visión.

Me incorporo y lo miro de forma más detenida, con el pelo rubio casi blanco, del mismo color que el mío, de piel clara y ojos azules, pero no azules normales, sino un azul como el del mar cuando está manso. Su pelo me extraña, es la primera vez que veo a un chico con melena.

Sonrío de forma nerviosa ¿y éste es el que me ha salvado?


viernes, 17 de diciembre de 2010

¿Una muerte digna? ¡JA!




Aprieto los puños, evitando cometer alguna locura, y me limito a bajar las escaleras dándome cuenta de que me había equivocado al pensar que a lo mejor albergaba algo de humanidad aquella mujer de rostro afable.

Abre la puerta de la casa y salimos, la cierra tras ella y volvemos a realizar el mismo camino hasta el ayuntamiento, ahora vacío, donde se encuentra Cast aún esperándome, al parecer. La señora Rossmert me echa un último vistazo y se larga sin decir palabra. Trago saliva, asustada por lo que me pueda suceder. Pienso que he tenido una vida un tanto extraña, que moriré a los 15 años, sin tener un padre y sin amigos. Pero yo era feliz. ¿Por qué no debería serlo? Yo no he vivido acusando a la gente, ni bajo una capa de temores. Yo sé diferenciar entre lo que existe y lo que no son más que cuentos. Y las brujas no son más que una historia para que los niños se coman la comida y se les ha ido de las manos el asunto.

Cast se aclara la garganta y me coge de un brazo de manera bruta mientras habla:

-Desde que vinisteis aquí supimos que ibais a dar problemas. Tanto llanto y tu madre sin marido.

Pongo los ojos en blanco otra vez. Y por mi muestra de entusiasmo ante su explicación, su mano me sujeta con fuerza la muñeca y continúa:

-Escúchame asquerosa bruja, yo no soy tonto como el resto del pueblo, yo sé que todos los de tu raza que han sido llevados a la hoguera están vivos. Las brujas sobreviven al fuego.

Respiro de forma profunda intentando separarme ante su mirada comida por la locura:

-Está loco-le digo sin conseguir soltarme.

-Pero yo me voy a encargar de que tú si mueras, y el pueblo me lo agradecerá-dice mientras tira de mí hacia el lado contrario a la salida y abre una puerta que parece llevar años cerrada, por las telarañas que se ciernen sobre ella. Es otra salida. No recordaba que hubiese dos puertas en el ayuntamiento. Entonces la razón de que la puerta se encuentre cerrada me golpea en la mente de repente.

El nivel del lago creció hace un par de años e inundó los alrededores. Consigo agarrarme al marco de la puerta, cuando sus brazos me empujan por detrás para tirarme al lago.

-¡No!-le grito.

No sé nadar, no puedo caer en el lago. Moriré ahogada y no sé qué es peor, si morir ahogada o quemada.

Me vuelve a empujar y esta vez mis dedos se resbalan por el marco de madera y caigo al agua con un golpe sonoro.

Agito los brazos con energía. Necesito salir de aquí y lo necesito ya, tomo aire pero como no paro de moverme, y conmigo la superficie del agua, una bocanada entra en mi boca lo que me hace toser. Cast se ríe mientras yo muevo brazos y piernas sin ningún logro.

Me hundo, me estoy hundiendo.

Mi vestido totalmente empapado no es que ayude demasiado a nadar, se hace pesado aunque en la superficie era como una simple sábana. Mis pulmones no dan más de sí, intento con desesperación subir hacia arriba, pero mis ojos se comienzan a cerrar y todo se vuelve oscuro. Negro.

Todo desaparece a mi alrededor continúo intentando nadar, pero eso solo hace que trague más agua y esta llegue a mis pulmones con mayor facilidad, una efímera burbuja es lo último que veo antes de la oscuridad por la que quedo envuelta.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La hora del baño



Se me hace my extraño que esta mujer me permita entrar en su casa, que claramente también es la casa de su marido el párroco pero ¿para qué? A las brujas las tratan con hostilidad ¿por qué ahora este recorrido turístico por su maravillosa casa?

Los escalones de madera también están recubiertos por esa moqueta de color granate, cuando llego al final de las escaleras observo el pasillo estrecho y una puerta abierta que da a una habitación donde hay dispuesto un vestido blanco muy simple sobre una silla, una palangana con agua y otro recipiente mucho más grande, como un barreño, a su lado está la señora Rossmert con las mangas del vestido remangadas y me mira de arriba a abajo, luego coge el vestido con ambas manos y nos mira sucesivamente para luego asentir con la cabeza. Permanezco callada y me acerco a ella como me ordena. Sujeta en la mano una cinta de tela blanca que me anuda en la cabeza a modo de diadema, la observo y me dejo hacer sin mediar palabra con ella hasta que habla:

-Quítate la ropa.

Frunzo el ceño, la miro de nuevo con una ceja alzada esperando que esté de broma pero su rostro me indica que va muy enserio. Me desabrocho los botones del vestido verde cubierto de suciedad que llevo y lo dejo caer al suelo. Miro a la mujer que me indica que debo entrar en el barreño. Entro en él, quedándome en pie, frotándome los brazos con las manos y percatándome de que estoy cubierta de morados y heridas causadas en las últimas horas. El agua fría cae sobre mí haciéndome tiritar en parte. Me manda sentarme, me siento. Sostiene una pastilla de jabón en la mano, con la otra me coge el brazo y comienza a frotarlo con el jabón, para luego hacer lo mismo con el otro brazo y las piernas. Me doy cuenta de que este baño es algo a lo que está acostumbrada ya ella, pero mi madre no recibió ningún baño que yo recuerde estaba cubierta de sangre cuando la vi por última vez. Trago saliva y cuando el frotar del jabón cesa contra mi piel otro jarro de agua fría cae sobre mí espabilándome. Me levanto aún dentro de la palangana y la miro, parece que me odia, que me mira con desprecio y no hace nada por evitar que sea así.

-Ponte el vestido-me manda llevándose mi antiguo vestido.

<< ¿Qué va a hacer con él?¿lo va a quemar?>>, me pregunto. Tardo unos segundos en hacer lo que se me ha dicho, me acerco al vestido y lo dejo deslizarse por mi piel. Es de una tela suave y es largo, me llega hasta los tobillos. Me quito la cinta que ella me anudó en el pelo y deshago unos pocos de enredos de mi pelo ahora mojado con los dedos y lo dejo caer por la espalda. Anudo la cinta a mi muñeca como un brazalete y cuando me giro me percato de que ella está ahí observándome, miro al suelo y luego alzo la mirada. Su pregunta me sorprende:

-¿De veras eres una bruja? Si confiesas serlo todo acabará, te dejarán libre.

Me callo y me encojo de hombros para luego mirarla a los ojos.

-Da igual lo que yo diga, a nadie le importa.

Supongo que le sorprende que siendo una hija de Satán, como ellos dicen, sea tan callada o no le haya causado problemas ni haya rechistado cuando me estaba bañando. A lo mejor pensaba que me iba a derretir con el contacto del agua, quien sabe. Se calla y posa su mano en mi hombro para guiarme por el pasillo de nuevo escaleras abajo, giro la cabeza para preguntarle pero me detiene hablando ella:

-A nadie le importa lo que diga una bruja, que seas una niña no quiere decir que no vayas a crecer y no vayas a ser como el resto. Todas devoradoras de niños y creadoras de males para la sociedad.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Sígueme



-Debo llevármela, ya sabe como va esto señor Cast-dice mirándome de forma fría y mandándome-. Levántate.

Le obedezco y me quedo quieta, así como una estatua enfrente suya mientras me evalúa con la mirada. Escucho el leve susurro de Cast, que parece…¿intimidado? No, eso no es posible, él nunca se intimida por nada, bueno, eso creo.

-Luego volveré a por ella señorita Rossmert.

La respiración se me atora en el pecho, ¿Rossmert? Ella… ¿es la mujer del cura?, es demasiado joven para ese hombre tan seco, serio y… feo. Esta mujer es preciosa, su piel es pálida debido al poco contacto con el sol, y seguro que procede de buena familia y por eso no trabaja en el campo. Estoy tan ocupada, escrutándola con la mirada, fijándome en cada detalle, en su tersa piel que no me percato que Cast sale de la sala y de que la mujer me vuelve a mirar. Por un momento pienso que su mirada aloja cariño, comprensión, dulzura… pero tan solo dura unos segundos y me dice de forma seca:

-Sígueme.

Asiento con la cabeza y obediente sigo sus pasos que se dirigen fuera del edificio <<¿A dónde voy? Ni idea, pero por lo menos ella no me mata a golpes…¿no?>>, pienso cuando la luz del sol baña mi rostro. Las calles están en silencio ahora, parece que todo el mundo se ha dirigido a sus casas hasta que llegue la hora en la que me quemen. No miro por donde vamos, mi mente divaga por otros lugares observando el cielo y el suelo alternativamente hasta que paramos en la puerta de una casa. Miro al frente alzando la mirada y mirando la casa que es una construcción bastante grande para ser una casa de este pueblo. La mujer abre la puerta blanca de madera de la casa y la sostiene para que entre, entro en ella algo perdida en mis pensamientos mientras observo el suelo cubierto por una moqueta de color granate. La mujer cierra la puerta y sube las escaleras mientras observo un cuadro de la entrada en el que se ve a una virgen con el niño Jesús en brazos. Inclino la cabeza y me quedo quieta donde estoy, a lo mejor no quiere que suba, pero entonces la mujer se gira en el último tramo de escaleras y me hace un signo con la mano para que la siga.